
Es menester también aquí dejar establecidas la autoría y la cronología de los proyectos y estudios presentados para la construcción del futuro Puerto Militar, dicho esto sin menoscabo alguno de las figuras que intervinieron en esta magna gesta.
Simplemente la Historia, vaya a saber por qué razón, carga más las tintas sobre unos que otros, relegando a segundo plano a personas que fueron principales protagonistas.
En el tema que nos ocupa, es menester remarcar la figura del Capitán de Navío Don Félix Dufourq, verdadera “alma mater” del estudio, encendida defensa, y proyecto del Puerto Militar, actual Base Naval de Puerto Belgrano y Base Naval de Infantería de Marina Baterías, proyectado en su faz constructiva y ejecutado por quien fuera contratado por la Nación para estos fines, el inmensamente talentoso ingeniero Don Luis Luiggi.
Las tareas de exploración, balizamiento y relevamiento topográfico de la zona de la Bahía Blanca, así como del resto del extenso litoral marítimo austral, previas al acontecimiento que nos ocupa, no pueden dejar de ser mencionadas, dado que están inscriptas dentro del mismo concepto pionero que culminó con la creación del Puerto Militar.
Es así que cuando corría el año 1880 varias circunstancias hacían imperativa la señalización de la Bahía Blanca y zona aledaña.
La conquista definitiva del desierto, el proyecto de unir la zona de Azul con el Atlántico por ramales ferroviarios, y el gran desarrollo agropecuario derivado justamente de la derrota definitiva del indio, imponían esta medida.
Benjamín Victorica, Ministro de Guerra y Marina del nuevo Presidente de la Nación. Teniente General Don Julio A. Roca, refrenda, en 1881, el decreto de la creación de la Comisión de Faros y Balizas, asignándole la responsabilidad de realizar los correspondientes trabajos hidro-topográficos en Bahía Blanca.
El Sargento Mayor de Marina Don Enrique Howard (el mismo que, años después, como presidente del Centro Naval, otorgaría al Capitán de Navío Don Félix Dufourq el premio que dicha Institución instituía al mejor trabajo sobre el tema: “¿Cuál es el mejor lugar de la República para instalar el Puerto Militar?”, fue nominado con la jefatura de dicha Comisión. Al Comando de la “Bermejo” encaró el balizamiento de la ría, además de disponer la instalación de un pontón-faro, atendiendo a las sugerencias del Capitán Clanchy, que al Comando de la Cañonera “Elk”, ya había realizado estudios, todavía anteriores a 1881, en la barra del estuario.
Es así que se adquiere al Señor Luis Negrotto, por la suma de 7.500 pesos oro, un casco de bergantín llamado “Manuelita”, que quedaría al mando del Teniente José Gascón, y patroneado por el piloto contratado Don Santos Catorni. [17]
Traída a remolque desde Buenos Aires por la “Bermejo” llega el 27 de mayo de 1881 a la caleta del Napostá.
Aparejado a “pontón – faro”, recibe una percha de la “Bermejo”, la cual, con el farol de posición de la misma en su tope, es fondeada el 6 de octubre de 1881 en la cabecera del “Banco del Norte” a 7 millas de la costa. Un trípode con un globo en tierra, completaba la enfilación del Canal del Medio.
Con su casco pintado de colorado y hasta su hundimiento por un temporal constituyó el primer “faro argentino”. El Presidente de la Nación, informado por el Comandante de la “Bermejo”, ordenó que se imprimieran copias del telegrama donde Howard informaba sobre este evento, para que fuera conocido por los buques de todas las banderas del mundo. El “Manuelita”, luego de su naufragio, fue reemplazado en 1893 por el pontón-faro “Orione”, dada la poca eficacia mostrada por el faro terrestre de Monte Hermoso ubicado entonces en la entrada de la ría (actual zona de Baterías) desde el 22 de noviembre de 1881, que con todo y ser el primer (faro terrestre) del litoral marítimo argentino, no sirvió acabadamente a sus fines. [17]
Es de destacar, además, que ya en tiempos del Virreinato, el estuario de la Bahía Blanca era frecuentemente visitado por depredadores de la numerosa colonia de focas y lobos marinos que habitaban la zona por aquellas épocas, de lo que dan testimonio restos de graserías rudimentarias que aún se pueden ver en Isla Verde y otras. [17]
Sólo en 1822, luego de la visita del navegante norteamericano Benjamín Morrell, quien a bordo de la “Warp” menciona por primera vez la “White Bay” y aporta datos sobre ella, desde el punto de vista marítimo.
Por tierra ya había sido relevada por el Coronel Don Pedro Andrés García, durante la administración del General Martín Rodríguez, con el objetivo de estudiar la fundación de una plaza fortificada en la zona, hasta el momento desconocida, de la “Bahía de abajo” o “Bahía de los Buenos Cables”, como se la conocía en la época.
Dos expediciones posteriores, una al mando del Coronel Martiniano Chilavert, del Departamento de Ingenieros, que en 1824, primero con la Goleta “Glaesner” y luego con la “Río” incursionó en la zona.
Más tarde, en 1825, Francisco Seguí, con el Tte. Antonio Toll y Bernardet, al comando del bergantín “Belgrano”, conforman la segunda expedición.
La repetida presencia de la “Belgrano”, recalando frente a la Punta Alta, se supone que fue el origen del primitivo nombre de “Pozos del Belgrano” o “Sonda del Belgrano”, con que se conoció posteriormente la zona. Esta misma denominación existía en las cartas que trae y corrige con sus observaciones personales Fitz Roy, años más tarde.
Sucesivos estudios y sondeos del lugar, fueron practicados por Edmundo Elsegood, Nicolás Descalzi, Domingo Laborde, Juan Plunkett, Felipe Caronti, Henri Pellegrini, Lorenzo Mascarello, Enrique Howard, Martín Rivadavia, Julián Irizar, Tomás Zurueta y Julio Figueroa (11) para culminar con el extensísimo y completo estudio de todo el laberinto del estuario, por el Capitán de Navío Don Félix Dufourq, quien habría de dar vida al proyecto del futuro Puerto Militar.
Sin embargo, es de destacar que el más remoto antecedente de relevamiento en la zona, debe adjudicársele a Malaspina, con copia de cuyas cartas habría llegado Fitz Roy a estas latitudes. [17]
En 1881, Domecq García y Dufourq, a bordo de la cañonera “Bermejo”, efectúan levantamientos hidrográficos y topográficos en la Bahía Blanca.
El Comodoro Martín Rivadavia, con la bombardera “Constitución”, efectúa sondeos de Bahía San Blas en 1883.
Dufourq, que continúa sin pausa sus estudios de factibilidad en la zona, sitúa el pontón-faro “Bahía Blanca” y, en ejercicio de la autoridad conferida por la Superioridad, elige definitivamente, junto con la comisión que le asistía, a la Bahía Blanca como apostadero futuro de la Escuadra, en el año 1893. [1] [8] [7] [4]
Previo a esto, Dufourq, realiza intensivos estudios en Francia, sobre obras de defensa y artillería, que le ocupan los años 1883, 1886 y parte de 1893.
Publica, además de lo específicamente profesional, medulosos trabajos (1882-1883) sobre la forestación con pinos de los médanos costeros de la zona, y fue quien concibió la idea de asentamientos poblacionales, siendo en definitiva y en la realidad, el verdadero fundador de la ciudad de Punta Alta, tal como lo expresaría a su entrañable amigo, el Ingeniero Don Luis Luiggi. [7] [5]
Numerosas publicaciones zonales y nacionales contemporáneas a Dufourq, que nos permitiremos reproducir textualmente al final de estas consideraciones, avalan la autoría del famoso marino sobre el proyecto, lugar y forestación de la zona donde finalmente se construyó el Puerto Militar.
Sólo hay constancias de dos observaciones anteriores a los estudios de Dufourq, y son la realizada por Fitz Roy, a bordo de la “Beagle”, quien en 1833 expresó que “esa bahía, a pesar de ser cuarenta veces más chica que el Río de la Plata, tenía una profundidad media dos veces mayor que la de éste”, y la del Ingeniero francés Henri Pellegrini (padre de Carlos Pellegrini), que en 1859 afirmó que “en el llamado Apostadero de Puerto Belgrano pueden moverse cómodamente 250 de los buques más grandes que pueden construirse”.(4) Observaciones, claro está, referidas a la posibilidad de uso del lugar como apostadero naval.
Ante la necesidad de responder a la carrera armamentista iniciada por Chile, se hizo imperioso dotar a la Nación de una poderosa Escuadra de Mar y obras fortificadas que garantizaran la defensa del extenso litoral marítimo, de las cuales el Puerto Militar sería una de ellas.
Este evento, unido al peligro inminente de guerra, hizo que la opinión pública siguiera y participara activamente de los acontecimientos a través de los diarios y publicaciones de la época, de los cuales, el punto de instalación del Puerto Militar de la República, con sus diques de carena e instalaciones para apoyo de la Escuadra, constituía el nudo gordiano.
Esto sucedía así, en razón de las encontradas posiciones de dos grupos bien definidos de hombres de mar.
Unos, los Oficiales y Jefes jóvenes, con gran experiencia y estudios medulosos sobre el terreno, encabezados por Dufourq, Domecq García, Rivadavia y otros, proponían la zona de Puerto Belgrano en la Bahía Blanca, como futuro asentamiento, dadas entre otras consideraciones, la equidistancia de los puntos a defender del enemigo, su profundidad y tantas otras, hallables en la literatura especializada de la época.
La contrapartida la componían los Oficiales Superiores más antiguos, quienes encabezados por los Almirantes Solier, Diego Brown y otros, hicieron una cruzada de la instalación de la futura base, en Buenos Aires, o La Plata, para lo cual también exponían sus motivos, a su juicio valedero.
Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. I - Págs. 20-26. Instituto de Publicaciones Navales.










