
Más que compleja era la situación imperante, en lo interno y lo externo en el país, a partir de la Confederación Argentina.
Las luchas y frustraciones internas habían impedido desde siempre una política coherente en materia de relaciones exteriores, siendo la desorganización en los emprendimientos moneda constante.
Luego del derrocamiento de Rosas, fue principal cuestión la organización institucional del país, dejándose “la cuestión patagónica” para el futuro. [1]
Esto se ve notablemente agravado por la guerra contra el Paraguay, y salvo el accionar de Domingo Faustino Sarmiento, modernizando al Ejército y adquiriendo naves de Guerra, todo esto unido a su visión prospectiva al crear el Colegio Militar de la Nación en 1870 y la Escuela Naval Militar, en 1872, no se adoptaron prácticamente medidas para abortar el constante peligro de invasión y dominio chileno, pretensiones abonadas por la circunstancia de que, a la inversa de lo que ocurría en nuestro país, Chile, con una base étnica relativamente homogénea y una aristocracia terrateniente(1), logró una estabilidad política que le permitió un marcado progreso en lo económico y social, base de su vocación expansionista, hija de su condición de “costilla geográfica” en el cono Sur.
Así Chile se militarizó, ambicionando un rápido engrandecimiento, no por el trabajo, sino por la conquista. Introdujo en el sur de América la Paz Armada, provocó a sus vecinos, procurando ensanchar su territorio y proveer a sus gastos con las riquezas de otros, atacando a la más débil (Confederación Peruano-Boliviana), a la que luego de vencida le produjo la ocupación de parte de sus territorios, multiplicando su renta y sus presupuestos. [2] [3]
En nuestro país, sólo una década antes de la terminación del siglo, se impulsa el crecimiento de nuestra Armada, durante la presidencia de Carlos Pellegrini, y la Jefatura del Estado Mayor de la Armada a cargo del Almirante Don Daniel Solier. El gran avance durante la época del Dr. J. E. Uriburu ya fue descrito.
No es posible dejar pasar por alto las exploraciones del mar austral, llevadas a cabo por el Comandante Luis Piedrabuena, las que unidas a la creación de la Gobernación de la Patagonia en 1878, implican un hito en los propósitos de ocupación del territorio nacional por el gobierno argentino, dado que Chile empleaba distintos medios para apoderarse de los territorios patagónicos.
No sólo realizaba ocupaciones militares, sino que también estimulaba los malones indígenas, que devastaban los campos de La Pampa. La hacienda robada era vendida en Chile a muy bajo precio.
Aquí cobra particular dimensión la Campaña del Desierto, ejecutada magistralmente por el Ejército Nacional al mando del Teniente General Don Julio A. Roca, que pone coto, entre los años 1876 y 1883 a estos propósitos, completando la acción civilizadora iniciada por el Coronel Estomba y Antonio M. de Molina, en 1828, con la creación de la Fortaleza Protectora Argentina, el origen de lo que luego sería la Ciudad de Bahía Blanca.
En esta tetralogía (creación de la Fortaleza Protectora Argentina - creación de la Gobernación de la Patagonia - Conquista del Desierto - Construcción de la Base Naval de Puerto Belgrano) se basa la conquista, presencia, iniciación, fomento y mantenimiento de la civilización y el progreso por parte de la Nación, en esta parte del sur de nuestro país.
Respecto de la Campaña del Desierto, debe hacerse hincapié en determinados detalles, los cuales, al no ser conocidos o poco recordados, permiten que cierto interesado seudo revisionismo histórico, teñido de fuerte coloratura política, presente a la Campaña del Desierto como un “genocidio indígena” de “rifles contra lanzas”, de peligrosa difusión inclusive en los ámbitos escolares actuales.
A este respecto es dable acotar que el indio, cuyas maniobras eran bien aprovechadas y dirigidas por el enemigo, contaba en oportunidades con mejores rifles que los de Roca, y que la mayoría de los lenguaraces de las distintas tribus hablaban correctamente el francés, producto todo esto de las andanzas de un histriónico y oscuro personaje llamado Aurelio Antonio de Tounens, quien protagonizó por aquellos tiempos (murió en 1878) una verdadera revolución entre las tribus indígenas de la Argentina y Chile, levantándolas en armas y auto proclamándose “Rey de Araucania y Patagonia”, cuya “casa real” todavía tiene sede en Francia, y otorga títulos y medallas.
Las andanzas de este personaje tuvieron tal predicamento entre los indígenas, a los cuales armó e instó a reclamar su soberanía bajo su férula, que el propio gobierno chileno, que hacía la vista gorda ante estas actividades creyéndolas producto del delirio de un maniático, y hasta permitiéndolas dado que algunas de sus actividades le convenían (cuatrerismo de ganado argentino), terminó, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, por suprimir drásticamente estas acciones, que acabaron contraponiéndose a sus propios intereses, por lo que “Aurelie Antoine 1º” terminó en la cárcel y deportado, detenido en Bahía Blanca por el Teniente Coronel Murga.
Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. I - Págs. 20-22. Instituto de Publicaciones Navales.










