“El país que da espaldas a su historia y no honra a sus mayores, no será nunca un gran país, ya que tendrá muy poco de qué enorgullecerse.”
Nicolás Avellaneda, Presidente de la Nación Argentina 1874-1880
Se correría el riesgo de ser parcialmente veraz e históricamente olvidadizo, si al encarar la cronología histórica de la construcción de la Base Naval de Puerto Belgrano se la aislara del contexto geopolítico y social imperante en el momento de su materialización; así como también de la acción civilizadora, que su presencia implicó, para no nombrar la importancia que tuvo como fortificación militar, junto con la creación de la nueva Escuadra de Mar, cuando corría la presidencia del Dr. José Evaristo Uriburu (1895-1898), en su acción disuasiva frente a la actitud expansionista territorial de uno de los dos rivales históricos de la Nación.
De tal suerte, además de prudente, resulta indispensable no limitarse a la simple cronología histórica, olvidando total o parcialmente a aquellos que hicieron posible con su accionar, sus investigaciones, su minuciosidad, lenta pero segura en el estudio del lugar ideal para la instalación del Puerto Militar de la República, no sólo en su concepción estratégica, como en el ánimo de reafirmar la verdadera soberanía nacional, garantizando la presencia de la Nación, a través de la salvaguarda de sus intereses, siendo garantía de civilización, al permitir bajo su amparo la organización de las fuerzas del trabajo y del pensamiento. No debemos correr el riesgo de recordarlos sólo parcialmente ya que en el conocimiento, respeto y orgullo por la obra y el esfuerzo de hombres como Félix Dufourq, el Perito Francisco Moreno, Estomba, Antonio M. de Molina, el Gral. Julio A. Roca, y tantos otros, está una de las claves para el logro de ese Arquetipo Nacional, que amalgama a todos los ciudadanos que se sienten orgullosos de haber nacido en una tierra producto de sus desvelos.
Es menester decir que muchas culturas (diríamos la inmensa mayoría) tuvieron en la espada, que en principio garantizó las condiciones mínimas para que la civilización sentara sus reales, su punto de iniciación. La presencia argentina en el sur del país, donde existían malones que llegaban hasta lo que hoy es el centro de la Ciudad de Bahía Blanca, mientras en Buenos Aires ya existía un esbozo industrial, puede alinearse dentro de este concepto.
Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. I - Págs. 19-20. Instituto de Publicaciones Navales.










