
El gran proyecto ha quedado atrás. El Puerto Militar es ya una realidad. Comienza otra etapa, que durará hasta nuestros días, y que se pierde en el futuro. Se reemplaza el carbón. Las nuevas variables que día a día hacen más complejo el manejo del poder Naval Integral, marcan el ritmo de los tiempos. Lo que al principio fue el cañón, es hoy el ingenio teleguiado. Aparece la Aviación Naval, el Arma Aérea de la Flota, la Infantería de Marina ya no opera los grandes cañones.
Funciona en toda su compleja organicidad, y constituye la Fuerza de Desembarco.
Se “aggiornan” todos los conceptos sobre la guerra naval. El hasta entonces Puerto Militar de la República, convertido definitivamente en Base Naval Puerto Belgrano, por Decreto del 12 de junio de 1923, en honor al ilustre creador de nuestra enseña patria, nombre que por otro lado ya figuraba en pretéritas cartas de navegación, como fuera dicho, debe entonces modernizar y completar su estructura, para acompañar las nuevas necesidades.
Esta etapa de modernización, sin tiempo, también fue prevista por los talentosos creadores de esta obra, y llega hasta hoy, a casi un decenio de la finalización del siglo XX, cuando esto se escribe. Otros deberán escribir lo que de aquí en más suceda.
En la década de los años treinta florecieron la mayoría de las obras de la actual Base Naval, tal como hoy se la conoce.
No obstante, entre 1902 y 1923, fecha de la imposición del nombre actual, tiene lugar una serie de realizaciones, destacables por su función y su perdurabilidad. Estas, por razones de ordenamiento y continuidad, serán descritas, a pesar de la fecha de su construcción, anterior a la época que se evoca en este capítulo, cuando se trate el florecimiento edilicio de la Base Naval de Puerto Belgrano.
Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Pág. 97. Instituto de Publicaciones Navales.










