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La base naval Puerto Belgrano

La Base Naval Puerto Belgrano

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La Base Naval Puerto BelgranoEl gran proyecto ha quedado atrás. El Puerto Militar es ya una realidad. Comienza otra etapa, que durará hasta nuestros días, y que se pierde en el futuro. Se reemplaza el carbón. Las nuevas variables que día a día hacen más complejo el manejo del poder Naval Integral, marcan el ritmo de los tiempos. Lo que al principio fue el cañón, es hoy el ingenio teleguiado. Aparece la Aviación Naval, el Arma Aérea de la Flota, la Infantería de Marina ya no opera los grandes cañones.

Funciona en toda su compleja organicidad, y constituye la Fuerza de Desembarco.

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La Flota de Mar

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La Flota de MarRazón de ser de la Base Naval Puerto Belgrano, y receptora de sus esfuerzos, es su propio desarrollo y modernización a través del tiempo lo que ha marcado la pauta y el ritmo de su crecimiento. La construcción de las primeras grandes unidades en Italia, esto es los Cruceros Acorazados “Garibaldi”, “General San Martín” y “Pueyrredón” durante la última década del siglo pasado, torna imprescindible la creación de una gran Base Naval.

El “General San Martín” inaugura, en 1902 el Gran Dique de Carena. Los grandes Acorazados “Moreno” y “Rivadavia” hacen dar un vuelco fundamental, por la nueva tecnología que aportan, al sostén logístico que la Base debía prepararse para prestarles.

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La Fuerza de Apoyo Anfibio

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Construcción de la Bateria VEste importante componente de nuestra Infantería de Marina reconoce su más remoto antecedente en el Regimiento de Artillería Antiaérea N° 1, formado el 15 de julio de 1940 por Decreto N° 67347 de la Presidencia de la Nación, que por entonces ejercía el Dr. Ramón S. Castillo.

Su primer asiento tuvo lugar en el Cuartel de la Base Naval Puerto Belgrano, formando parte de la Agrupación Fuerza de Artillería de Costas de Puerto Belgrano, y teniendo, además de la propia, funciones de vigilancia y seguridad.

En octubre de 1945, ocupa su Cuartel en las instalaciones de lo que hoy es el Cuartel de la Fuerza de Apoyo Anfibio.

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El Arsenal Naval

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Casa de Bombas (c. 1910)Corazón técnico de la Base, en cuanto proveedor constante de sostén logístico a la Flota de Mar y organismos descentralizados del Área, no se nombra por casualidad al final de este ensayo porque tenga menos importancia, sino justamente porque su importancia fue y es tal, que desde su nacimiento con el Puerto Militar, a principios de este siglo, hasta el presente inmediato, el aumento periódico de su complejidad y magnitud a través del tiempo marca el ritmo del progreso y la medida del avance que impone la tecnología, por lo cual, siguiendo su historia del principio al fin, se sintetiza cronológicamente la evolución de la misma Base Naval Puerto Belgrano.

Desde el cañón de puntería manual hasta el misil, del telégrafo inalámbrico al campo de la informática.

Su estructura básica, en términos generales, está dada por los Talleres Generales y los Talleres Especializados.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Pág. 105. Instituto de Publicaciones Navales.

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Última actualización el Viernes, 20 de Agosto de 2010 19:20
 

Talleres Generales

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Personal de los Talleres del Arsenal de Puerto Belgrano, Sección Calderería (circa 1920)Al quedar inaugurado el 2 de enero de 1902 el primer Dique Seco de carena de la Base Naval Puerto Belgrano, surgió la necesidad natural de ir montando las instalaciones para los talleres que habrían de encargarse de los trabajos que requerirían los buques que llegaran a las gradas de dicho dique, principalmente los pertenecientes a la entonces incipiente Flota de Mar.

Los Talleres de la Armada están capacitados para efectuar los trabajos de mayor envergadura, desde la construcción naval hasta la reparación más variada de maquinarias y elementos en los rubros no cubiertos por la electrónica, las armas y sistemas ópticos.

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El dique de carena N° 2

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Dique de Carena (Enero 1901)Esta magnífica obra de ingeniería, para la época en que fue construida, y aun para los días que corren, ya que sigue siendo uno de los diques de carena más grandes de América, debería ser considerada, junto con el Arsenal de la Armada, ya que es parte primordial de él, tal como se hiciera al describir el primer gran dique de carena.

Es sólo por una cuestión de ordenamiento, a la par que cronológico, que se lo describe aparte, ya que por la fecha de su construcción, ésta acontece en el lapso que transcurre entre la inauguración del Puerto Militar en 1902, y el momento en que éste se convierte en la Base Naval Puerto Belgrano, en el año 1923, época muy cercana a la de los años treinta, cuando se produjo el gran florecimiento en las nuevas construcciones de la Base Naval, como también el completamiento y ampliación de lo ya existente, a la luz de los avances tecnológicos.

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La Usina Termoeléctrica

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Usina Puerto BelgranoSituada más o menos a doscientos metros del centro de la Plaza Santa Cruz, en dirección oeste, la Usina Eléctrica Central, como fuera denominada desde su fundación el 7 de febrero de 1953, era un edificio que albergaba en sus casi 2.400 m2 cubiertos, a las tres turbinas Franco Tosi, de origen italiano, que, acopladas cada una de ellas a un generador de corriente alterna Garnz, de Budapest, Hungría, entregaron, durante casi 31 años, el fluido eléctrico consumido por la Base Naval, Punta Alta, y parte de Bahía Blanca, hasta su cierre definitivo en junio de 1983.

Construida en configuración semisubterránea, cuenta con un techo abovedado de hormigón de un metro de espesor, cubierta por el médano y vegetación, lo que la hace a prueba de bombas incendiarias de hasta 20 Kg. y resistente a impactos indirectos de proyectiles muy superiores.

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Taller de Óptica y Control Tiro

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Cuando la Armada Nacional no tenía buques más grandes que el “Garibaldi” y el “Pueyrredón”, el instrumental óptico era recorrido por personal especializado, contratado por la Dirección General del Material Naval a los fabricantes del citado instrumental.

Un tiempo después la citada Dirección contrató los servicios de una Casa de Óptica de la Capital Federal (Lutz Ferrando) para efectuar dichas tareas.

No obstante estar realizado el trabajo por una firma nacional, los elevadísimos aranceles que cobraba incidían sobre el presupuesto de la Armada en forma alarmante. Este fue el motivo por el que la Dirección General del Material Naval buscara un medio para evitar esa erogación.

Con la llegada al país de los Acorazados “Moreno” y “Rivadavia” el material óptico era mantenido por dos Suboficiales Mecánicos Artilleros (Joaquín González y Armando Fernández). Para ese trabajo el “Taller” estaba instalado en un local de la Torre de Señales (luego Escuela de Telemetría) en la Base Naval de Puerto Belgrano. Este personal, precariamente instalado y carente de material de ajuste adecuado para tan delicada tarea, suplía los inconvenientes con un alto sentido de la responsabilidad y cariño a la profesión. Así las cosas, hasta que a principios de 1922 arriba al país un súbdito inglés. Mr. Tomás Guillermo Dawson, quien aceptó el ofrecimiento de nuestra Armada para la creación de un Taller de Óptica y Control Tiro y a la vez aportar con su trabajo y experiencia en la formación de personal especializado, (Mr. Dawson posteriormente fue militarizado, llegando al grado de Suboficial Mayor.)

Es decir, la creación del Taller de Óptica y Control Tiro data de 1922. En primera instancia el Taller funcionó en un pequeño local habilitado en el Arsenal de Artillería de Marina de Zárate, estando a su cargo el técnico inglés.

Posteriormente y hacia 1924, al aumentar las necesidades de trabajo en la Escuadra de Mar, el Taller debió ser trasladado a la ya citada Torre de Señales, pero solamente se contaba como elemento de ajuste con un colimador “Ross” y los telémetros se ajustaban sobre balizas de distancia conocidas. Sólo en 1928 se vislumbró el primer esfuerzo serio tendiente a subsanar esos inconvenientes, pues se designó a los Tenientes de Fragata Athos Colonna y Juan Bocri para efectuar cursos de especialización de óptica en Italia, con visitas a fábricas de ese país, y en especial a la Carl Zeiss en Holanda, donde el Suboficial Joaquín Martinezzi y el Cabo Principal Miguel Oscar Fernández se hallaban recepcionando el material óptico que debía instalarse en los Cruceros “25 de Mayo” y “Almirante Brown”. La experiencia recogida por el personal y la gran cantidad de elementos de control adquiridos, fueron las fuerzas impulsoras para que él hasta entonces modesto Taller de Óptica comenzara a encarar trabajos de gran envergadura, considerados hasta ese momento totalmente imposibles de efectuar en el país.

Ya hacia fines de 1933 se inician las gestiones para la contratación de un técnico italiano elaborador de lentes y prismas, tarea que por la habilidad manual que es necesario poseer, como por la alta precisión que exige, era totalmente desconocida en nuestro continente y se suplía únicamente con repuestos adquiridos a las fábricas proveedoras de instrumental. Estas gestiones se concretaron a principios de 1935 con la llegada al país del técnico Sr. Gino Parronchi, de la Galileo en Florencia.

También para esa fecha se manifiesta la primera inquietud de instalar la Sección Control Tiro para la reparación en tierra de todo el material, dado que hasta entonces esa labor se realizaba abordo con muy pocos elementos y resultados no siempre satisfactorios, no obstante la excelente preparación y mejor disposición del personal dedicado a esas funciones.

La incorporación de nuevas Unidades a la Armada, tales como el Crucero “La Argentina” y los Destructores tipo “Buenos Aires”, significó un llamado de atención pues era necesario la preparación de personal directivo ampliamente capacitado para atender y solucionar los múltiples y variados problemas de tiro y navegación que presentaban las nuevas unidades. De esta manera se seleccionaron los Ingenieros Electricistas de 3° Elio López y Mario A. Copello, quienes estudiaron en Italia y recibieron los Títulos de Ingenieros Ópticos. Esta nueva orientación, sumada a la que inicialmente tenían en Marina, los habilitó para desempeñarse eficientemente en las ramas mencionadas, con lo que nuestros buques llegaron a obtener el grado de mantenimiento ideal en un aspecto poco conocido, pero no por eso menos valioso y apreciado por los Jefes de Artillería.

Es decir, con la llegada al país de nuevas unidades navales, el antiguo Taller de Óptica no cubría las mínimas necesidades logísticas, de ahí que su ampliación o la creación de un nuevo edificio era inminente.

Paralelamente con los cursos seguidos por estos Oficiales, el entonces Capitán Athos Colonna, a quien se debe considerar justicieramente como el “alma mater” de la Óptica en la Marina de Guerra, proyectó, gestionó y prácticamente dirigió la construcción del actual edificio, destinado a facilitar la ejecución de los trabajos en forma orgánica, y acorde con la real importancia que tienen con relación a las actividades de un buque de guerra.

A fines de 1940 se produce “la gran mudanza” y con ella comienza la etapa de mayor evolución en su historia.

Como consecuencia de los estudios cursados en Italia, el ingeniero López proyecta e instala el Laboratorio Óptico, con todo tipo de instrumentos de control, con el cual es factible comenzar a realizar tareas de valor, como proyectos de telescopios, miras, alzas de reflexión, anteojos de puntería y la construcción de prismáticos binoculares fabricados en el país. Así mismo se incorpora también con carácter de primicia nacional, la máquina de alto vacío para el tratamiento de superficies ópticas.

También en esa época se agrega al Taller la Sección Girocompás, que viene a llenar una sentida necesidad técnica, ya que el mantenimiento de los “giros” se efectuaba a bordo con las lógicas incomodidades y carencia de elementos.

Años más tarde, producida la incorporación de los Cruceros “9 de Julio” y “General Belgrano” y las Fragatas tipo Sheffield con sus modernos y complejísimos mecanismos de control totalmente electrónicos, el Taller debió agrandarse constantemente para que sus servicios se hallaran a la altura de los requerimientos específicos y hoy, a cincuenta años de la primera inquietud, podemos exhibir con todo orgullo un Taller que se estima el más completo que sea dable hallar en esta parte del continente.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 118-120. Instituto de Publicaciones Navales.

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El Taller de Armas Navales

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La creación del Puerto Militar y la estructura básica de esta realidad que es hoy la Base Naval Puerto Belgrano, con un objetivo claro y definido como el albergar y posibilitar el mantenimiento de los buques de guerra que iban dando

forma a esa Armada Nacional que necesitaba el país para defensa de sus extensas costas, determinó la formación de equipos de artesanos, mecánicos y herreros de aquella época, que se ocuparan del mantenimiento de la artillería y de los torpedos de las unidades navales.

Primero hubo algunos depósitos cercanos a los muelles, que luego fueron mejorados por la incorporación de torpedos de esa época, que imponían la más moderna técnica naval para ese entonces. Así nació en el año 1926 el primer Taller de Torpedos, bajo la jefatura del Ingeniero Torpedista Don Félix Duperrón.

Este Taller de Torpedos fue creciendo paulatinamente con el desarrollo cada vez más acelerado de las Armas Submarinas. Ya en 1938 llegaron al país con una corriente técnica inmigratoria, materiales y personal especializado italianos que al año siguiente posibilitarían, junto a operarios y militares argentinos, la incorporación del torpedo más evolucionado de la época, el WH. 1939.

Paralelamente, crecía el pequeño Taller de Artillería, que en forma definitiva fue edificado en el actual emplazamiento, junto a lo que era el Taller de Torpedos.

En el año 1948 asumió su primera jefatura el Capitán de Corbeta Don Horacio Perazzo.

El incesante crecimiento de requerimientos técnicos y el desarrollo alcanzado por las armas en el medio naval, fueron los factores determinantes de la total unificación de estos Talleres, que venían apoyándose técnicamente desde hacía algunos años.

En el año 1960 y siendo su primer Jefe el Capitán de Fragata Don Gerardo Castillo, se convirtieron en lo que hoy es el actual Departamento Taller de Armas.

Su función primordial se basa fundamentalmente en ofrecer el apoyo logístico al mismo tiempo de ocuparse del mantenimiento preventivo y correctivo de los sistemas de armas que utilizan las unidades navales, la Aviación Naval y la Infantería de Marina.

Su planta básica de quinientos hombres, en sus modernos Talleres de Armas Submarinas, Artillería, Inspección de Armas, Servicios Auxiliares y Servicios Generales, cumplimentan con holgura y solvencia la divisa de este componente

del Arsenal Naval Puerto Belgrano: “Mantener en Estado de Operatividad a Las Armas de La Marina”.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 120-121. Instituto de Publicaciones Navales.

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El Taller de Electrónica

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A fines de la década del treinta se hace imprescindible contar con un establecimiento próximo al Apostadero de la Flota de Mar para el mantenimiento y reparación de los equipos electrónicos, tarea que hasta entonces era realizada por el personal perteneciente al Taller del Servicio de Comunicaciones Navales, en Dársena Norte de la Capital Federal.

El 19 de septiembre de 1940, con el nombre de Taller de Comunicaciones Navales, nació el actualmente Departamento de Taller de Electrónica. El lugar elegido para su instalación fue la Torre de Señales en los locales que dejaba libre el Taller de Optica, trasladado a su edificio nuevo, que ocupa en la actualidad.

Se aprovecharon máquinas y elementos que quedaron en el local, para poder afrontar los primeros compromisos de su comienzo. En esa oportunidad el Taller contaba con las dependencias de Laboratorio, Pañol de Herramientas, Receptores, Transmisores, Mecánica, Carpintería y Herrería, distribuidos en una superficie de 250 m2.

Su vida en este lugar transcurrió entre la fecha citada, 19 de septiembre de 1940, en que contaba con un plantel de once hombres, y el año 1948, cuando pasó a ocupar el actual edificio.

En el comienzo de la actividad se empleó personal trasladado desde la Capital Federal, entre los que figuraban el Señor Emilio Baldoni, posteriormente primer encargado civil del Taller: Osvaldo Mauro, Francisco Gargiulo, al mismo tiempo que se perfeccionaban, especialmente enviados de Alemania, el Capitán de Corbeta Ingeniero Electricista Rogelio L. Alcántaray el Suboficial Mayor Mecánico Radiotelegrafista Oscar Ventura, que a su regreso al país comenzaron la selección del personal civil para integrar la Planta Básica. De esta manera se integró Personal Militar y Civil para constituir el Taller de Comunicaciones Navales y la Escuela de Hidrofonía.

Las exigencias técnicas siempre crecientes obligaron a expandir las instalaciones, y por ello entre los años 1946-1947 se construyó el actual edificio que se inaugura en el año 1948 con la denominación anterior, y al cabo de seis años (1954), con la denominación actual de Departamento Taller de Electrónica.

Desde un principio el Taller tuvo carácter politécnico dada la presencia de secciones como Carpintería, Mecánica, Galvanoplastia, Bobinaje, Herrería e Instalaciones, junto a las puramente electrónicas. Esto marca otro aspecto de las actividades que en él se desarrollan, la preparación del personal técnicamente apto para ejecutar los trabajos. Si bien algunas secciones se mantienen en razón de las tareas por realizar, relativamente enmarcadas dentro de los cánones clásicos, otras más estrechamente vinculadas a los equipos electrónicos expanden los límites de conocimiento mínimo indispensable casi sin solución de continuidad. Por esto, quien deba abocarse a la reparación o diseño de equipos, debe estar sólidamente preparado para enfrentar los problemas de las diversas técnicas, pero, dado que cambian velozmente, más preparados deben estar para adquirir nuevos conocimientos y dar cumplimiento al lema del Departamento: “El establecimiento terrestre de la marina, existe para sostener la flota como fuerza de combate”.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 122-123. Instituto de Publicaciones Navales.

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El Taller Central de Misiles

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En 1967 la instalación del Sistema Misilístico Sea Cat en el Crucero A.R.A. “General Belgrano” lleva a habilitar el entonces Taller de Armado de Misiles del Departamento Armas del Arsenal Naval Puerto Belgrano, para mantenimiento del nuevo material incorporado.

El cronograma de tareas a probado dispuso su determinación para octubre de 1968 y el informe de finalización de la obra estableció que la misma se había concretado con gran éxito, merced a la intervención de los Talleres Generales, Armas Navales, Electrónica y Óptica y Control Tiro.

El recorrido inicial de esta Planta se concretó el 31 de octubre de 1968, fecha de provisión del primer misil Sea Cat al Crucero A.R.A. “General Belgrano”, lanzado a su vez el 14 de noviembre de ese año.

En febrero de 1978 se incorpora el primer sistema misilistico para la Infantería de Marina, operando desde el Batallón Comando el Sistema Antitanque Bantam, cuyo sostén logístico se asigna a la Sección Misiles, así llamada ya esa área habilitada inicialmente para recorrido de los Sea Cats, dependiente del Taller de Armas Navales.

La actividad del incipiente Taller de Misiles sólo faltaba extenderse a la Aviación Naval y esto llega al año siguiente, en el mes de agosto, con la incorporación de los Misiles AS-11 y AS-12, para su empleo en la Escuadrilla de Helicópteros Alouette.

Esto constituyó la base de iniciación en la Armada Argentina y del mantenimiento de misiles, cuya modesta escala sufrió un importante salto cualitativo con la incorporación de los Destructores Clase A.R.A “Hércules” que motivó la ampliación de las instalaciones para el armado y prueba de su sistema misilístico Sea Dart.

Embarcada ya la Armada en la era de los misiles tácticos, poco tiempo después entra en servicio de nuestro país el Exocet que inicialmente desde unidades de superficie y luego desde los Super Etendard de la Aviación Naval, viven su bautismo de fuego exitoso en el Conflicto de Malvinas.

Personal de taller sin participación del fabricante, a partir de una instalación Exocet y desafectado de un buque, diseña una batería costera que neutraliza la Fragata HMS “Glamorgan”, para sorpresa de todos, inclusive del propio país vendedor, que no suponía disponible esta capacidad, por haber interrumpido su apoyo a partir del bloqueo de armas que impuso la Comunidad Económica Europea a la Argentina.

Con el advenimiento de los Destructores Tipo Meko 360, el Taller Central de Misiles tiene una vez más que adecuarse a los nuevos medios para albergar el sostén logístico de los Misiles Aspide y Exocet MM-40, de este tipo de Destructores.

El Magic de la Aviación Naval y el RBS-70 de la Infantería de Marina traen aparejadas avanzadas técnicas infrarrojo y láser que plantean un nuevo desafío a los esfuerzos del personal integrante de ese destino de la Armada, considerando, dentro del marco de los medios que atienden, el nivel de los similares de las marinas rectoras.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 123-124. Instituto de Publicaciones Navales.

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El florecimiento edilicio

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En la Base Naval Puerto Belgrano se puede distinguir, a poco que se investigue con atención, la impronta; cual si se fueran dando vuelta las páginas de un gigantesco libro de historia; de las distintas épocas en que la Armada mereció mayor o menor atención por parte de la Nación.

Dicha impronta está vívidamente representada por el florecimiento edilicio en las distintas etapas de su historia.

Los coletazos de la generación del 80, la época de Alvear, etc., dejaron indeleble su recuerdo en grupos edilicios definidos, hijos como fuera dicho, de esta mayor atención que en las épocas citadas el país dio a su Armada.

Pero fue sin duda durante la década de los años 30, cuando este florecimiento llegó a su máxima expresión.

Durante este período, cuando corría la Presidencia del Teniente General Don Agustín P. Justo, y ejercía su conocida pujanza el que fuera su Ministro de Marina, el Almirante Don Eleázar Videla, es donde la Base Naval Puerto Belgrano ve surgir la mayoría de sus realizaciones edilicias tal como hoy la conocemos, como también se empieza a organizar definitivamente, ya por modificación de lo existente, o por la creación de nuevas realizaciones, la grande y compleja maquinaria de soporte logístico y tecnológico de la Flota de Mar, la autosuficiencia en materia técnica y el “aggiornamento” constante impuesto por los nuevos medios del Poder Naval, que no conoce pausas, en términos generales, y que llega hasta nuestros días con la incorporación de la informática y el misil, por lo que la creación del Taller Central de Misiles, y la implementación de sofisticados sistemas de informática hasta para el cálculo del racionamiento del personal, cerrarán este ensayo.

No obstante, la importancia intrínseca de cada una de estas obras y su influencia en la configuración del conjunto, tanto en lo técnico como en lo simplemente edilicio, hacen necesaria su descripción minuciosa, sin que lo exclusivamente técnico se aparte de la línea narrativa que nos hemos propuesto.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 124-125. Instituto de Publicaciones Navales.

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Los Barrios Militares

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Reconocen los barrios militares una dilatada y frondosa historia que se remonta, en algunos casos, a los mismos orígenes del Puerto Militar, y no siendo necesariamente barrios militares en un principio algunos de ellos.

El más antiguo de que se tiene memoria, de los que quedan, es el actual Barrio de Suboficiales “Comodoro Martín Rivadavia”, que se construyó en tres etapas.

Las primeras casas, que datan de 1908, eran destinadas a vivienda del personal civil de alguna jerarquía, del Puerto Militar, las que poco a poco, y con el correr del tiempo, fueron asignándose al Personal Militar Subalterno destinado en el lugar.

En una segunda etapa, se construyeron con el mismo fin las cinco únicas casas de dos pisos que existen en el barrio, completándose la obra, ya cuando corría el año 1927, con la construcción de la serie de chalets que completan su configuración actual.

Debe destacarse que por aquellos tiempos, y dada la ausencia total de todo medio de distracción en la zona para el personal y sus familias, se vivía una intensa vida social, lo que hacía que lograra particular relieve el Casino de suboficiales, del que ya nos ocuparemos en su momento, adelantando solamente que su más remoto antecedente lo encontramos en el antiguo edificio de madera que se ubicaba en la plaza a la que actualmente mira la Casa de Suboficiales de la Base Naval, ya por el año 1918.

Siguiendo cronológicamente el orden de construcción, aparecen en el año 1912 un conjunto de casas constituidas de planta baja y primer piso, en número de cuatro, en puro estilo holandés, que fueron justamente mandadas edificar por los Ingenieros holandeses que Dirks, Dates y Van Hattem, trajeron al país para la construcción del dique de carena N° 2, y en las que vivieron hasta su partida del país. Estas viviendas se ubicaron en la actual Avenida Almirante Brown, frente a las antiguas casas de los primeros ingenieros y personal jerarquizado que trajera Luiggi en 1897, construidas en la mano de la Avenida en donde actualmente se levanta el Edificio del Comando del Área Naval Puerto Belgrano y terrenos siguientes al norte de éste, que luego fueron demolidas.

Estas “jirafas”, nombre con que se las conoce por su despliegue vertical, fueron asignadas al Personal Superior, y presentan el mismo aspecto de entonces, salvo una, que fue reformada en la última década.

Aunque ya no existe, no podemos dejar de nombrar, al hablar sobre los barrios militares, a la que fuera la Casa N° 8 del Barrio de Oficiales de la Zona Común.

Este grande y hermoso chalet, totalmente construido en madera, con la más fina y artesanal terminación, se ubicaba en el solar existente en la esquina de las actuales Avenidas Almirante Brown y Cdro. Rivadavia, hasta su demolición, a fines de los años cincuenta, era nada más ni nada menos que la casa que se hizo construir, y habitó hasta su partida, el Ingeniero Don Luis Luiggi. Lugar obligado de recepción y tertulia para cuanto dignatario visitara las obras del Puerto Militar, tuvo por huéspedes a Presidentes y Ministros de la Nación. El Teniente General Don Julio A. Roca, el Ingeniero Villanueva, el Ingeniero Huergo, el Teniente General Ricchieri, el Teniente General Nicolás Levalle y tantas otras personalidades marcan su paso por este lugar a través del tiempo, cuando el homirgón y la piedra empezaban a disputarle su reinado al médano y al pasto pampa.

Hasta la construcción de la Casa N° 9, actual residencia del Señor Comandante de la Flota de Mar, ubicada en la otra punta de la actual Plaza Santa Cruz, fue vivienda del Señor Comandante de Operaciones Navales. Sólo restos de algunos de sus pisos pueden advertirse en aquel solar, que sigue vacío pero famoso.

En los siguientes veinte años, se completa la construcción de los barrios militares como hoy los conocemos, encontrando también en este aspecto su época de mayor auge edilicio durante la década de los treinta, en la cual, entre otras, se construyen las trece casas de estilo californiano del Barrio de Oficiales de Zona Común (noviembre de 1937), la Casa y el Casino de Suboficiales.

El Barrio de Suboficiales “Comandante Luis Piedrabuena”, constituido por doscientas casas – habitación, fue entregado por sus constructores entre 1939 y 1940, época en que también se habitan la mayoría de las casas del Barrio de

Oficiales de Zona Común, a excepción de las anteriormente mencionadas.

En el lapso que transcurre entre los años cincuenta y los setenta, surge el resto de los Barrios Militares de la Base Naval. En 1954, el Barrio de Oficiales “Capitán de Navío Dufourq”, en 1964 el monoblock de Oficiales “Capitán Barraza” y de Suboficiales “Ingeniero Luiggi”, para finalizar, en el año 1973, con el Barrio de Oficiales “Capitán Quiroga”, último barrio militar que completa el “pack” habitacional.

No podemos finalizar la enumeración de los barrios militares, sin mencionar que las actuales casas - habitación N° 42, 43, 44 y 45 datan del año 1907, forman parte del Barrio de Oficiales de Zona Común y continúan habitadas como entonces.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 125-127. Instituto de Publicaciones Navales.

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Iglesia de Nuestra Señora “Stella Maris”

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Sede de la única parroquia castrense del país, proyecta la grácil aguja de su campanario sobre el rond-point en el que desemboca la “Avenida al Templo”, que partiendo de la Plaza Juncal, epicentro de la Base, termina allí.

Esta “Avenida al Templo”, a cuya vera se ubican las casas de los Señores Almirantes con destino en el Área Naval, fue bautizada por el Ingeniero Luiggi, y no precisamente por la parroquia Stella Maris, que no fue producto de su inspiración, y que fue construida más de treinta años después de inaugurarse el Puerto Militar, sino por la Iglesia que él proyectó, y que figura en el plano General de las Obras del Puerto Militar, en sus versiones de 1898, y modificada en 1902, y que daba a la mencionada Avenida al Templo, en las cercanías de dicho rond-point.

A pesar de figurar en éstos y otros planos de la época, no se tienen evidencias de que realmente se haya construido allí, y sí una cuadra más atrás, yendo hacia el mar, en el lugar donde hoy se encuentran las Casas 84 y 85 de Zona Común.

El muro que divide ambas casas, de casi un siglo, y sin relación con la época de construcción de éstas, parecería apoyar dicha tesis.

Lo cierto es que la Parroquia Stella Maris se construyó mucho después en el rond-point donde termina la Avenida al Templo, pero el nombre de esta avenida es muy anterior, como se dijo, y no tiene ninguna conexión con aquélla.

Del más puro estilo gótico, y de singular belleza, este pedazo de la vieja Europa trasladada al desierto se empezó a construir en el año 1928 y se terminó en 1937. Fue consagrada a Nuestra Señora Stella Maris, Patrona de la Armada Argentina, el 25 de noviembre de 1983, cuarenta y seis años después de su construcción.

Si su exterior es imponente, no es menor la sensación que da su interior con la sencillez casi espartana de su alta bóveda y los arcos típicos de su estilo constructivo. En sus muros lucen vitraux de singulares tonalidades, hechos especialmente en Innsbruck, Austria, en el año 1935. Se destaca el ubicado detrás del altar, que representa a Stella Maris, con la Fragata “Presidente Sarmiento”, navegando a su lado.

Los bancos y el confesionario, de talla artesanal, en roble, fueron construidos en los Talleres Generales del Arsenal.

Completan el marco de magnificencia, la gran imagen de Stella Maris, tallada en madera por Leo Moroder, también autor de las imágenes de la Catedral de La Plata, y un órgano de tubos de principios de siglo, de la Casa Riegler, de Alemania, pieza única en la zona, por su exquisita factura y tonalidad.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 127-129. Instituto de Publicaciones Navales.

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El Edificio del Comando de Operaciones Navales

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Se lo menciona aquí no por la época de su construcción, que data de 1912, aunque parezca mucho más moderno de lo que realmente es, sino porque fue destinado para sede del mencionado Comando sólo en el año 1968. Desde la fecha de su construcción, fue el centro de la vida social del incipiente Puerto Militar, ya que paralelamente al destino de este edificio, funcionaba un pequeño cine en el primer piso, donde se proyectaba una película por semana.

También el baile y la amable tertulia tuvieron ámbito allí, ya que los sábados por la noche se constituía prácticamente en el único esbozo de vida social que gozaban los esforzados pobladores del Puerto Militar. Estas actividades cesaron en el año 1922. [22] [23]

Funcionó en este edificio desde su inauguración la Escuela de Grumetes, hasta el año 1922, en que se lo destinó para sede del Comando de la Base Naval, que hasta ese entonces funcionaba en la Torre de Señales. En los inicios de 1968 dicho Comando, convertido en Jefatura de la Base Naval Puerto Belgrano pasó a ocupar, hasta nuestros días, el edificio de su actual sede, construido primitivamente para el Arsenal Naval Puerto Belgrano. A partir de entonces, la vieja casona de principios de siglo pasó a albergar al Comando Operativo Naval, que así se denominaba entonces al actual Comando de Operaciones Navales. A pesar del reciente traslado de este Comando a Buenos Aires, parte de su estructura operativa sigue funcionando allí.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 129-130. Instituto de Publicaciones Navales.

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El Hospital Naval Puerto Belgrano

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También conoció su mayor surgimiento edilicio en la década que nos ocupa, pródiga, como se dijo, en obras vitales.

A fines de 1933 se iniciaron los estudios relativos a la confección de un anteproyecto de edificio destinado a hospital en la Base Naval de Puerto Belgrano, iniciándose en el año 1935 la construcción del nuevo pabellón de cirugía, inaugurado en junio de 1937.

La urgencia que revistió la construcción de tal establecimiento se ve fácilmente si se tienen en cuenta las condiciones en que el personal de la Base era atendido, en un pabellón que no solamente estaba al margen de la técnica moderna, sino que resultaba sumamente reducido en relación con el número de personas que concurrían.

Como dato ilustrativo puede decirse que durante los años 1932 y 1933 los casos de cirugía mayor realizados ascendieron a 390, operaciones efectuadas sobre enfermos entre quienes se encontraban Jefes, Oficiales, personal subalterno y familias que habitaban en la Base.

La antigua sala de operaciones funcionó en un lugar improvisado, construido para otra finalidad, carente de la necesaria luz natural y que por su ubicación era el tránsito obligado a la sala contigua, lo que hacía imposible mantenerla en las condiciones de rigurosa limpieza y asepsia exigidas para esta clase de locales.

Por tales y otros motivos se resolvió la construcción de un nuevo pabellón con sus consultorios externos. Tal edificio fue construido teniendo en cuenta todas las características observadas en establecimientos similares. Tanto nacionales como extranjeros.

El edificio está orientado en perfectas condiciones, cuidando que las salas de operaciones tengan sus ventanales hacia el sur, a fin de evitar la entrada de rayos solares y obtener una iluminación uniforme.

Fuera de lo que se refiere a la construcción propiamente dicha, se contrató con empresas especializadas la provisión e instalación de todo el instrumental técnico indispensable, para asegurar un funcionamiento eficiente en la atención de enfermos.

El nuevo pabellón constaba de dos plantas: La alta estaba destinada exclusivamente al personal subalterno afectado de enfermedades quirúrgicas.

Disponía de dos salas con capacidad para 26 camas cada una y cuatro habitaciones con 4 camas, para enfermos graves.

Un hall central daba entrada a dos salas de operaciones y sala de asepsia, un local para esterilización, consultorio externo de cirugía y toilette para médicos.

En cada extremo del piso alto y en comunicación con las salas existían anexos (comedores, repostería, baños, pañol de equipos y piezas para las hermanas de caridad). Cada sala disponía de un corredor cubierto y solárium.

En la planta baja existía un hall central de acceso y los servicios de radiografía, electroterapia y actinoterapia, local de guardia y central de teléfonos, laboratorio y farmacia.

En las partes laterales los consultorios de oftalmología, otorrinolaringología, consultorio externo, laboratorio de prótesis, revelación y archivo de películas.

En los extremos del pabellón y siempre en la planta baja había dos pequeños pabellones de cinco habitaciones cada uno destinados a alojamiento de Jefes y oficiales enfermos.

Cada habitación dispone de baño y tiene capacidad para dos enfermos.

En el subsuelo se construyó el pañol de farmacia. A este pabellón se lo dotó de una instalación de Rayos X del último modelo con todos los agregados necesarios y de otro aparato de Rayos X portátil para cirugía.

Los consultorios de odontología constituyeron también un modelo en su género, provistos también de aparatos de Rayos X.

Los servicios de otorrinolaringología y oftalmología disponían de salas de consulta, salas de esterilización, sala de operaciones y cámara oscura. Están provistos de todos los elementos y útiles necesarios.

Los servicios de calefacción del hospital fueron centralizados, construyéndose una nueva usina.

Como complemento de estas obras se efectuaron las reparaciones necesarias a un edificio destinado al alojamiento de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, cuyos servicios se requirieron para una mayor eficacia en el funcionamiento del hospital.

Tiempo después se construyó el Pabellón de Enfermedades Infecciosas y Psiquiatría. Las últimas remodelaciones ya las hemos descripto en otra parte del trabajo, al referimos también al Hospital Naval desde sus orígenes.

Los primitivos pabellones realizados por Luiggi aún siguen prestando óptimos servicios.

No podemos dejar de mencionar, al describir al Hospital Naval de Puerto Belgrano, que alberga en su interior y en perfectas condiciones de uso, la construcción más antigua que queda en pie del Puerto Militar: su primer pabellón, que data de 1899, y que actualmente ocupa la Farmacia del Hospital.

Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. III - Págs. 131-134. Instituto de Publicaciones Navales.

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