
El 2 de julio de 1898 marca un hito fundamental en la historia de la región: se coloca el primer pilote de las obras del Puerto Militar de la República. Se empezaba a hacer realidad el sueño de Dufourq, Irízar, Rivadavia y tantos más.
La labor del Ingeniero Don Luis Luiggi, contratado por la Nación, que había requerido los servicios de un ingeniero especializado en Italia, culmina el 21 de junio de 1896, esto es casi cuatro meses después de iniciar (2 de marzo de 1896) los estudios de factibilidad y prospección del área elegida, al elevar el proyecto preliminar al entonces Ministro de Guerra y Marina, Ingeniero Don Guillermo Villanueva, acompañando dicho proyecto con una nota donde indicaba que “los estudios del Puerto Militar podrán verificarse en un período de tiempo no muy largo, ya que está elegida la localidad donde deberá surgir, y mi función será preparar enseguida el proyecto ejecutivo de aquella parte del susodicho puerto”...
“Mi quehacer está completamente definido y limitado a una obra especial: el estudio del proyecto máximo del Puerto Militar”. [1]
El mencionado anteproyecto, del que derivarían todas las obras presentes y futuras, tanto de estructuras portuarias y logísticas, como de defensa propiamente dicha, sería aprobado por Ley Decreto N° 3450 del Congreso de la Nación, el 30 de noviembre de 1896, asignándose además una partida de 10 millones de pesos oro para su ejecución.
El 2 de agosto de 1897 se llama a licitación internacional, ordenada por el Poder Ejecutivo Nacional, para la adjudicación del primer tramo de la obra, esto es, la construcción del dique de carena (actual dique N° 1) y obras accesorias al funcionamiento de éste, como también los muelles de las entonces denominadas “dársenas de reparaciones” y “dársena de armamento”.
Cinco firmas de primer nivel (dos inglesas, dos austríacas y una italiana) presentaron sus propuestas, siendo adjudicadas finalmente las obras a la empresa inglesa Dirks y Dates, y a Van Hattem, de Buenos Aires, por decreto de fecha 18 de abril de 1898, refrendado con las firmas del entonces Presidente de la Nación Argentina, Dr. Uriburu, y de los ministro: Dres. Alcorta, Beláustegui y Escalante, y el Gral. Don Nicolás Levalle.
De esta forma se llega al mencionado 2 de julio de 1898 cuando en la margen norte de la Bahía Blanca, en las desérticas tierras sólo habitadas por Ancalao, Linares y otros indios mansos, se inicia esta obra titánica, sin ribetes de ostentación, pero sólida y perenne, como aquellos que la concibieron y ejecutaron. Consecuentemente con este episodio, se funda la ciudad de Punta Alta, verdadera hija del Puerto Militar, por la acción de un pujante grupo de ciudadanos de diverso origen y nacionalidad, establecidos paulatinamente en la zona del conjuro de las inminentes obras, apoyados por miembros del Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca.
El asentamiento de grupos poblacionales en la zona de las obras ya había sido previsto por Dufourq y Luiggi con anterioridad, con el fin de formar una suerte de “polo de desarrollo”, para utilizarla terminología actual, con el Puerto Militar, un complejo cívico-militar completado con el puerto de aguas profundas, en la zona de Arroyo Pareja, con desarrollo poblacional sur-norte, inverso al que luego se realizó (en dirección a Bahía Blanca), dado que las tierras elegidas proporcionaban un mayor abrigo contra la climatología dominante. El puerto de aguas profundas todavía sigue discutiéndose, casi un siglo después. Estos hechos ponen aún más en evidencia, si cupiera, el espíritu pionero y humanista de aquellos prohombres.
Paralelamente, no puede dejar de puntualizarse, para completar la sensación exacta de la seriedad, coherencia e inteligencia con que el Gobierno de la Nación encaraba estas obras, las instrucciones que el Ministro de Guerra y Marina, Gral. Don Nicolás Levalle, le envía personalmente al Ingeniero Luiggi, que citamos textualmente de Estanislao Zeballos, en “Bahía Blanca, la ciudad de los puertos”.
“Las obras deberán ser relacionadas con un concepto único y fundamental para realizarlas, en un número mayor o menor de años, según lo exijan las circunstancias del país, pero el plan de las obras y la serie de providencias deben ser estructurados en toda su mayor amplitud, de manera que cuanto se deba ejecutar en los primeros tiempos sea de acuerdo con las previsiones del futuro, no debiendo nunca rehacer, deshacer o modificar lo que se hubiere hecho precedentemente, de modo que las obras sucesivas sólo fueran obras a agregarse paulatinamente a las hechas anteriormente” (destacado en bastardilla nuestro).
Con acuerdo con estas expresas disposiciones. se escalonaron los trabajos de la siguiente manera:
a) Aquellos que darían origen al Puerto Militar.
b) Obras que darían amplitud y comodidad al mismo.
c) Obras complementarias de defensa.
Se preveía para las obras su ejecución en estos tres periodos indicados, ubicados secuencialmente en el orden de importancia que se los menciona.
Se planificó, además, debido a la inspiración y sapiencia de estos precursores, la construcción de un segundo Puerto Militar, en la desembocadura del Río Santa Cruz, que seria dotado de un solo dique de carena, más un complejo habitacional para el personal de dotación, provisto de obras complementarias de defensa (baterías costeras) en la desembocadura del río en el Atlántico, configurándose como Puerto Militar de alternativa y/o de emergencia, de acuerdo con la hipótesis de conflicto imperante. Esta obra, cuyo presupuesto, de puño y letra del Ingeniero Luiggi, así como su plano general, reproducimos con este texto, no pudo ser efectuada por falta de fondos, pero las bondades de la idea se ven reflejadas en el hecho de que ochenta años después se construye un gran muelle en Punta Quilla, que si bien no reemplazaba a aquel proyecto, provee un puerto alternativo en aquellas apartadas regiones.
Habida cuenta de los lineamientos generales del plan prefijado, se realizarán:
- Un fondeadero, provisto de muertos y balizas, reparado de los vientos, para los buques allí amarrados.
- Un arsenal naval, con diques de carena de profunda entrada, capaz de albergar rápidamente a buques en emergencia, y amplios talleres para las reparaciones necesarias de sus componentes.
- Depósitos para armas, municiones, víveres y carbón, como también los elementos mecánicos (grúas y elementos para embarque de combustible) para su movilización. Depósitos de agua potable y torpedos.
- Un hospital naval, edificios para la comandancia y oficinas, viviendas para el personal militar y sus familiares, y para el personal civil y sus familiares.
- Fortificaciones para proteger la entrada del puerto.
La segunda etapa estaría compuesta por obras de ampliación de las ya existentes, con acuerdo a las nuevas necesidades, puertos de aprovisionamiento con sus respectivos depósitos, y perfeccionamiento de los sistemas defensivos fijos.
Para la tercera etapa se preveía la realización de toda otra obra complementaria que fuera requerida por la subsecuente modernización de los medios y variación en la concepción de la operatividad de la Flota.
Fuente: Enrique Juan Triadó, Historia de la Base Naval Puerto Belgrano, Cap. II - Págs. 39-46. Instituto de Publicaciones Navales.










