
Antes de fundar el fuerte, Viedma consultó a los aborígenes sobre las crecientes del río. De la información recogida surgió, a su entender, que las aguas jamás llegarían al paraje elegido, por lo que no previó un solo instante la catástrofe que se le avecindaba.
El 9 de junio de 1779 comenzó a soplar un fuerte viento que embraveció las olas provocadas por la marea. El día 13, a las 23, el agua contenida por el viento sur salió de madre y lo inundó todo.
Felizmente el centinela dio la alarma y la gente se salvó en el techo del almacén. Del suceso se salvaron los víveres pues no se habían desembarcado, no así 200 panes y 2 quintales de galletas que estaban en el horno.
Si bien la inundación duró nada más que media hora, Viedma comprendió que el río sería su constante enemigo, por lo que, con dolor, "determino mudar la población a la parte norte en cuya margen solamente se encuentran sitios donde con seguridad se puede estar sin inundación alguna", y señala el propio fundador: "aunque carece de aquella tan dilatada, llana y fértil situación de la otra banda".
Fuente: Municipalidad de Carmen de Patagones.










