
A las 10 de la mañana, según las crónicas publicadas ese día; que nos fueron enviadas gentilmente por el historiador naval de New Haven, Robert W. Fever; más de 5.000 personas habían tomado ubicación tanto en las adyacencias de los astilleros de Henry Sutton, como en los lugares de la dársena de New Haven desde donde podrían observar la botadura de la gigantesca embarcación asentada en las gradas donde había sido construida. Hasta el puente de la Avenida Kimberley ganado por la muchedumbre, servía de punto de observación.
Alrededor de 300 invitados estaban a bordo para asistir a la ceremonia que se realizaba previa a toda botadura. En la oportunidad, actuaba como maestro de ceremonia el superintendente J. Ward de New Haven, en tanto Henry Sutton, que ya tenia preparada una botella de Gold Seal con cintas de colores, agasajaba a las personalidades reunidas en el puente de proa. La esposa del armador allí presente, era muy felicitada ya que al barco le sería impuesto su nombre. La distinguida dama era acompañada por su hermana la Sra. H. A. O'Brien de Thomaston, esposa del capitán que comandaría el navío.
La Srta. Lottie Bushnell, hija del ex regidor Frank C. Bushnell, designada madrina para la imposición del nombre al velero, ante la expectación de los presentes rompió la botella contra el casco de la nave, el tiempo que pronunciaba la frase ritual: “yo te bautizo, Lucinda Sutton”.
A las 10,30, el casco liberado de sus cunas comenzó a deslizarse por la rampa lentamente, y a las 11 de la mañana de aquel martes de julio, un aplauso cerrado y vítores de la multitud, sumado a toques de sirena de los buques surtos en la dársena, subrayó el instante en que la quilla del velero hundió las aguas del puerto para quedar flotando, luego que se apaciguó el oleaje provocado por su desplazamiento al mar.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.
Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.










