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Goleta

Goleta “Lucinda Sutton”

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Goleta “Lucinda Sutton”La goleta de bandera norteamericana “Lucinda Sutton”, velero de alto porte con 2.500 toneladas de registro, había zarpado de Paranagua, Brasil el 6 de marzo de 1917, transportando un importante cargamento de madera de aquel país, consignado a la firma importadora Diego Meyer y Cia., de Bahía Blanca.

Era la madrugada del día 30 de aquel mes, cuando la nave fue sorprendida a la altura de Punta Asunción, al Este de la costa de Monte Hermoso, por la violencia de un temporal que desde la medianoche había estado forjando en el horizonte el filo carmesí de sus relámpagos.

El velero, de pesado andar por la adversidad de la sudestada y el volumen de su carga, aún no había tomado práctico de altura.

El capitán, veterano lobo de mar, se mantuvo en el puente con el instinto tendido hacia las posibilidades del tiempo, y antes que se desencadenara el temporal, dispuso todas las previsiones para capearlo.

Cuando comenzó el vaivén tumultuoso de las olas, los gavieros aferrados a las jarcias ya habían recogido foques y, velachos, tensando las escotas de las cuatro velas de labor. La sorda tempestad no tardó en invadir el mar de horizonte a horizonte, al tiempo que espesas nubes plomizas echaban por la borda su cargamento de truenos.

La voz del contramaestre multiplicada por el megáfono, trataba de superar el bramido de las ráfagas del viento y ordenaba la maniobra de dos de las cuatro cangrejas toda vez que el piloto orzaba a babor o a estribor bordejeando sobre el tumulto de las olas en procura del amparo que en la carta de navegación prometía la golfada de Punta Tejada.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:28
 

New Haven – Connecticut

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Lucinda SuttonLos astilleros de Baltimore, ciudad marítima sobre la costa Este de los EE.UU., se distinguieron entre los más célebres del siglo pasado. Las goletas, bergantines, fragatas y otras naves de todo porte construidas en aquellas gradas, se admiraron por la esbeltez de su arboladura, fina línea de agua, sólida construcción, facilidad de maniobra, aptitudes marineras y buen andar.

La goleta “Luisa” que perteneció al armador Carlos Galleano, arrendada por el gobierno para transportar los materiales que sirvieron para la fundación de la fortaleza a cuyo amparo nació Bahía Blanca, al igual que la gloriosa goleta “Sarandí”, fueron construidas en Baltimore. También se botaron en aquellos astilleros los famosos Clíper que en las primeras décadas del siglo aún tenían el privilegio de superar en rapidez a los buques propulsados a vapor.

No menos famosos que los de Baltimore, fueron los astilleros de New Haven, población marítima ubicada al N.E. de la costa atlántica de los EE.UU., en la región de Nueva Inglaterra, estado de Connecticut.

Sus factorías navales también participaron en la competencia entablada en los mares del mundo entre la vela y el vapor, gozando de gran prestigio tanto sus ingenieros como los armadores de ese importante centro marítimo.

Uno de los acontecimientos más trascendentes que recuerda la historia naval de New Haven, se registró el 20 de julio de 1891. Bajo el sol radiante de aquel martes que cubría todo el cielo, numeroso público se había dado cita desde hora temprana en las inmediaciones de los astilleros del armador Henry Sutton. Los diarios de la víspera, tanto “The New Haven Journal Courrier”, como “The New Haven Evening Register”, habían anunciado que ese día sería botado el mayor velero de cuantos se habían construido hasta entonces en el estado de Connecticut.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:36
 

Características de la goleta

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Lucinda SuttonEl armador Henry Hutton alcanzó a construir 16 goletas en sus astilleros, considerados en su momento los más importantes de la costa entre Nueva York y Boston. Hacía 11 meses se había deslizado por la misma rampa de New Haven el casco de la goleta “Lyman M. Law” de idénticas características que la “Lucinda Sutton”, aunque tenía 14 pies menos de eslora.

La “Lucinda Sutton” era un esbelto bajel de cuatro palos. Cargaba velas auricas, también llamadas cangrejas; gavias o “velachos” en los masteleros, y una ordenada línea de foques sobre su airoso bauprés que se proyectaba desde las perfiladas amuras de una proa alta audazmente lanzada. Era una obra maestra de la arquitectura naval. Para su construcción, se emplearon 470.000 pies de pinotea procedente de los estados de Oregón y Pensilvania, y más de 272.000 pies de madera dura para las cuadernas. Sus mástiles promediaban los 40 metros; la idea de su altura la da un hecho circunstancial, cuando tuvo que pasar debajo del puente de Brooklyn en la bahía de Nueva York, tuvieron que desmontarle los masteleros.

La superficie del velamen era de 5.000 yardas. Disponía de un motor auxiliar a vapor de 6 cilindros para izar las velas, levar sus dos anclas de 4.000 libras cada una, accionar los sistemas de calefacción, como así también las poderosas bombas de achique. Además de las dependencias de comando en el puente, tenía 8 camarotes con baños, y era tan avanzado el sistema de maniobra del velamen, que su dotación era de solo once tripulantes. Sus 67 metros de eslora, 14 metros de manga, 7 metros de puntal, y 2.500 toneladas de porte, hacían de la goleta “Lucinda Sutton” la mayor nave del mundo en su clase.

La flota de Henry Sutton estaba afectada al tráfico marítimo de cabotaje a lo largo de la costa de los Estados Unidos. Ocasionalmente, alguna de las goletas realizaban viajes de ultramar. Durante la primer guerra mundial, las embarcaciones del empeñoso armador de New Haven, fallecido en 1896, fueron utilizadas en el comercio internacional. Dos de sus veleros atacados por buques de guerra germanos desaparecieron en el Mediterráneo. Uno de ellos, precisamente la goleta “Lyman M. Law” fue torpedeada y hundida el 12 de febrero de 1917 por el temible submarino alemán U 35 que hizo estragos en la marina mercante de los países aliados.

Coincidentemente, un mes y medio después, su gemela la “Lucinda Sutton”, regentada por la compañía armadora South American Shipping Co; empresa neoyorquina que justipreció su perdida en 75.000 dólares; correría la misma suerte, pero por causas totalmente ajenas a la conflagración que sembraba de cruces los caminos del mar y los campos de batalla de los países europeos.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:30
 

La botadura

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Lucinda SuttonA las 10 de la mañana, según las crónicas publicadas ese día; que nos fueron enviadas gentilmente por el historiador naval de New Haven, Robert W. Fever; más de 5.000 personas habían tomado ubicación tanto en las adyacencias de los astilleros de Henry Sutton, como en los lugares de la dársena de New Haven desde donde podrían observar la botadura de la gigantesca embarcación asentada en las gradas donde había sido construida. Hasta el puente de la Avenida Kimberley ganado por la muchedumbre, servía de punto de observación.

Alrededor de 300 invitados estaban a bordo para asistir a la ceremonia que se realizaba previa a toda botadura. En la oportunidad, actuaba como maestro de ceremonia el superintendente J. Ward de New Haven, en tanto Henry Sutton, que ya tenia preparada una botella de Gold Seal con cintas de colores, agasajaba a las personalidades reunidas en el puente de proa. La esposa del armador allí presente, era muy felicitada ya que al barco le sería impuesto su nombre. La distinguida dama era acompañada por su hermana la Sra. H. A. O'Brien de Thomaston, esposa del capitán que comandaría el navío.

La Srta. Lottie Bushnell, hija del ex regidor Frank C. Bushnell, designada madrina para la imposición del nombre al velero, ante la expectación de los presentes rompió la botella contra el casco de la nave, el tiempo que pronunciaba la frase ritual: “yo te bautizo, Lucinda Sutton”.

A las 10,30, el casco liberado de sus cunas comenzó a deslizarse por la rampa lentamente, y a las 11 de la mañana de aquel martes de julio, un aplauso cerrado y vítores de la multitud, sumado a toques de sirena de los buques surtos en la dársena, subrayó el instante en que la quilla del velero hundió las aguas del puerto para quedar flotando, luego que se apaciguó el oleaje provocado por su desplazamiento al mar.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:31
 

Historia Paralela

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Lucinda SuttonEl 21 de febrero de 1906, el Faro Recalada inició su ronda de luz, marcando a los navegantes el umbral que daba entrada al estuario de la bahía Blanca. Su imponente estructura metálica de 73 metros de altura, se alzó majestuosa sobre la metrópoli de dunas costeras de Monte Hermoso, para advertir que en sus inmediaciones vivía agazapada la sombría dentellada del naufragio.

La creación del faro, ya había sido autorizada en 1898 por el Presidente de la Nación Dr. José Evaristo Uriburu, quién respondió así a un pedido largamente gestionado por el Sr. Luis D'Abreu, a quién tanto debe el despertar del progreso bahiense y regional de fin de siglo.

Ese mismo año, el joven estudiante Esteban Sulpicio Dufaur se graduaba de Ingeniero Civil en la Universidad de Buenos Aires, siendo uno de los primeros egresados en Argentina con eso título profesional. Ganado por la inclinación agropecuaria que le había germinado en su infancia transcurrida en los campos de Tandil, concibió crear un establecimiento ganadero en los desolados médanos de arena de la región de Monte Hermoso junto al mar.

Allí construyó una casona para sus padres a la que le llamó “El Recreo”, exactamente en la parte posterior del lugar donde había sido emplazado el Faro Recalada. Intuyendo que aquella absoluta soledad sería poblada algún día, el joven ingeniero comenzó a poblarla de sustantivos: trazó un camino, construyó un puente sobre el Sauce Grande, y en su desafío a la naturaleza hostil, aceleró la savia vegetal del árbol por el que sentía verdadera pasión.

Años después, el sabio naturalista argentino Florentino Ameghino, que en su búsqueda de fósiles pleistocenitos por aquellos bordes de la soledad del mundo, repetidas veces recibió el cálido hospedaje de los Dufaur, al admirar los ramajes ya crecidos que columpiaban trinos sobre la costa de suave declive, le sugirió al joven ganadero la creación en el lugar de un centro veraniego.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:32
 

El Naufragio

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Lucinda SuttonFueron horas inacabables de lucha tenaz contra los elementos desenfrenados.

Mientras se empinaban los truenos y bajaba el rayo, la proa de la “Lucinda Sutton” arremetía sobre los barrancos de espuma y el arrebatado rugir de la tormenta. A media tarde, el color pardo de las olas iracundas predijo que se navegaba sobre escaso fondo, y cuando al obscurecer la ronda de luz del Faro Recalada atravesando la espesa bruma y la llovizna anunció la peligrosa cercanía de la costa, el capitán desistió de su empeño de arribada.

Antes de tomar el viento en bolina ordenó arrojar al agua todo el cargamento de madera que estaba sobre cubierta. Terminado el alije se puso proa mar adentro. La desafortunada maniobra colocó al navío a facha de babor, y una ola gigantesca le desbarató el timón.

Sin otro gobierno que el de las velas, una de ellas ya había sido desmantelada, el buque comenzó a ser jaqueado violentamente por la potencia del mar que saltaba encabritado sobre las amuras y después de estrellarse contra el puente, rompía de cuajo las tablas de la regala, escurriéndose finalmente por troneras y escotillas.

La goleta ya era una pavorosa confusión de brioles, chafaldetes, relingas, jarcias, trinquetes y escotas desbastadas. El haz de luz del faro costero se advertía cada vez más intenso y podía adivinarse la cercanía de la playa donde las olas morían a pedazos y seguían bramando.

En la madrugada del 31 de marzo de 1917, la “Lucinda Sutton” encallaba sobre los bancos costeros de Monte Hermoso. La violencia del impacto quebró sus cuadernas con un quejido de agonía, y herido de muerte, el veterano navío comenzó a desaparecer del inventario de los mares.

Fuente:

Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Archivo Histórico Municipal, Punta Alta - www.archivodepunta.com.ar

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:34
 

Creación del Balneario

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Lucinda SuttonPoco tiempo después del naufragio de la goleta “Lucinda Sutton” y advertida la compañía de seguros que la carga que transportaba el velero había sido arrojada por la resaca sobre la costa de Monte Hermoso, con el propósito de rescatar la valiosa madera, comisionó para tal salvataje al Sr. Juan Natali, conocido contratista de estibadores que operaba para las firmas, exportadoras de cereales de Ingeniero White.

Ante la falta de un camino adecuado que conectara la playa con la tierra firme atravesando el infranqueable cordón de dunas que corría paralelo a la costa, la única alternativa posible era emprender el rescate por vía marítima. Fue así que el Sr. Natali le arrendó a la compañía francesa del Ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano que entonces estaba construyendo el puerto de Arroyo Pareja, el remolcador “Marrocain” y una chata de las utilizadas para transportar mar adentro el barro de los dragados.

La madera dispersa a lo largo de 5 kilómetros en las inmediaciones del Faro Recalada fue recogida. Cumplida la misión, el remolcador y la chata se hicieron a la mar. Cuando apenas se habían distanciado cuatro o cinco millas de la costa, inesperadamente y contra toda previsión se desató un temporal. El violento oleaje hizo zozobrar la chata que había sido cargada más allá de sus posibilidades, y las toneladas de buen pino brasileño volvieron a ser arrojadas por la marea sobre el mismo lugar de la costa donde habían sido recogidas.

Ante tal circunstancia, el Ing. Esteban S. Dufaur, que consideró el segundo naufragio de la carga de la “Lucinda Sutton” como una invitación a concretar la sabia sugerencia de Ameghino, se hizo cargo de la madera, y con ella hizo construir el célebre hotel, que el uso popular dio precisamente el nombre de “Hotel de Madera”. Sus instalaciones fueron inauguradas el 4 de enero de 1918, según el aviso publicado en la edición de ese día por el diario “La Nueva Provincia”.

Aquel hotel, célebre en su momento, y del que ya no queda ningún vestigio, daría origen a uno de los balnearios más prósperos y florecientes del sur de la provincia de Buenos Aires.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”.

Foto: HISTAMAR – Historia y Arqueología Marítima.

Nota:

En la carta batimétrica que responde a un relevamiento practicado por CONICET-IADO, se observa a 3 Km. aproximadamente de la costa, exactamente al Sur del Faro Recalada, la presencia del casco de un navío sumergido a unos 8 metros de profundidad en relación al pelo de agua, que bien podría tratarse de la goleta “Lucinda Sutton” desaparecida el 31 de marzo de 1917. Las coordenadas exactas de la ubicación del casco detectado en la carta náutica del Instituto Argentino de Oceanografía son: 39° 4´ S, 61° 14' W.

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Última actualización el Sábado, 04 de Junio de 2011 06:35
 


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