Papa y Mártir. 480 en Frosinone, Italia; + Noviembre del año 537.
San Silverio, Papa, negó a la emperatriz Teodora restablecer al hereje Antimo en la sede de Constantinopla, y fue confinado en la isla Pontia. Se refiere que desde allí escribió en estos términos al obispo Amador: “Me alimento con el pan de la tribulación y el agua de la angustia, pero jamás he renunciado, y tampoco ahora renuncio a mi cargo”.
Murió hacia el año 537, a consecuencia de los malos tratos que se le infligieron.
Nació San Silverio en la provincia de Campania, y fue puesto en a Silla de San Pedro por muerte de Agapito. Depuesto por éste Autimo, patriarca de Constantinopla, deseaba Teodora, mujer del emperador Justiniano, también hereje, que aquél fuese restituido a su silla por Silverio, y al efecto escribió a Belisario, a la sazón en Italia, para que le ayudara en su deseo.
Belisario procuró convencer a Silverio, más sin conseguirlo, y entonces dio el encargo a su mujer Antonina, por si ella era más feliz.
Esta fingió una carta en que Silverio escribía a los godos que les entregaría la ciudad si fuesen a Italia, y con este falso pretexto le desnudaron del hábito pontificial y le vistieron de monje, y con buena guarda le enviaron desterrado a la isla de Poncia, donde, consumido de calamidades, miserias y mal tratamiento, vino a morir. La Iglesia le celebra como mártir, porque murió en defensa de la justicia. Fui su dichoso tránsito el día 20 de Junio año de la redención del mundo de 540.
Fuentes: En custodia de la tradición Católica. Orden del Magnificat de la Madre de Dios.










