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Francisco Vitale

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Pescador por más de 40 años

Giusseppe Vitale partió de Ischia (provincia de Nápoles) y llegó a Ingeniero White en 1912. Aquí lo esperaba su hermano Massimino, quien, como su familia allá en Italia, se dedicaba en esta bahía a la pesca. Giusseppe empezó a trabajar con él, en la “Santa Lucia”, una de las pocas lanchas que entonces tenían motor.

Diez años después, Guisseppe se casó con Luiggia Russo, de la provincia de Roma. Su primer hijo, Francisco, nació en 1924. "Yo -dice Francisco- empecé a pescar con mi padre, a los doce años".

Por aquella época todo era muy distinto en la pesca. Por un lado, había superproducción; por otro, no existía ni la exportación ni una tecnología avanzada, como hay, en cuanto a conservación por frío (los frigoríficos comenzaron a ser determinantes a mediados de los años '40). O sea: "no se sabia que hacer con el pescado".

Se trataba, además, de un mercado muy exigente. Había que vender el pescado fresco, "casi" vivo. Por eso se pescaba de noche: "La noche es siempre mas fresca que el día, ¿no es cierto?

Llegaba con el pescado vivo uno. El pescado de noche tiene una duración de una hora para morir. De día uno lo saca, lo pone al sol y al rato esta muerto".

Apenas llegaban las lanchas al muelle comenzaba la venta: "De día no te compraban nunca. Así de clarito. Vos entrabas a las seis de la tarde con corvina, con pescadilla: no te lo compraba nadie. No lo vendías. No se vendía. El pescado había que entrar durante la madrugada y a las cinco, las seis de la mañana, empieza la venta. Ahí mismo en el muelle. Vendías generalmente -eso es normal, vos sabias que ibas a vender 10 cajones, 15, pero ponías arriba de la lancha 25, 30. Y bueno, el resto ibas después a la punta del muelle, 10 tirabas al agua y volvían a salir. Hasta el próximo día".

Esta exigencia no era solo con los pescadores. Era, claro, una costumbre de vida: "Hoy las amas de casa van al mercado y compran el pollo limpio. En aquella época se compraba el pollo vivo. Las mamás le cortaban la cabeza, lo pelaban y lo ponían en la cacerola. Y a lo mejor si Ud. ponía un pollo limpio no se lo compraban... ".

Pero se podía pescar de noche, justamente, porque había mucha pesca: "Era tanta cantidad que había que tal vez decir la cantidad que se podía sacar en un día puede sonar como a fabula, pero era una realidad... Una lancha podía sacar miles de toneladas. Era cuestión de poner la red...".

White es una suerte de paraíso para el pescador: “Acá se aprovecha la corriente. La pesca de Ingeniero White es distinta a la que se ejerce en el mundo entero. Acá se aprovecha la corriente reemplazando al buque de altura que arrastra la red. Acá se fondea la red y, bueno, las mareas corren seis horas. Seis horas crecen y seis horas bajan. Empezaba a crecer o a bajar la marea: se ponía la red. Y al rato empieza a verse la turbulencia del agua. Era que empezaba a entrar pescado en la red. Arrancaba la marea y empezaba a llenarse el cono. Y bueno, había que hacer rápido porque entraba tanto pescado que después no se podía levantar mas".

Durante los años '30 y principios de los '40 los pescadores entregaban el pescado a mayoristas, quienes lo ubicaban en el mercado de Barracas, donde se concentraba gran parte del pescado de todo el país. Todos los días salían cajones de pescado con hielo en vagones hacia Buenos Aires. Iban en consignación.

Para defenderse de los mayoristas, que hacían su negocio y tenían, ellos mismos, una competencia fuerte entre si, los pescadores se comenzaron a reunir. Primero surgía una Sociedad de Pescadores y en 1943 nacía la Cooperativa Pesquera. Francisco, desde 1947, fue presidente de esta durante 18 años continuos.

"La Cooperativa tuvo como finalidad asociar a ese grupo de gente que era el mas sacrificado, el que estaba en el mar, y establecer un valor del producto. Así que la Cooperativa tuvo para mi un rol importantísimo".

Francisco eleva la voz al hablar de lo difícil que es hoy la pesca: "Eso lo voy a decir bien fuerte. Porque hay tipos con títulos que dijeron que teníamos una plataforma marítima que nunca se iba a terminar. Yo le aseguro que se esta terminando. Esa gran plataforma marítima de la que se jactaron algunos grandes funcionarios se esta terminando. Se esta terminando... La merluza, que era el caballito de batalla, la especie del consumo popular, de la clase de trabajo, eso desapareció. Los barcos que entraban cada cuatro o cinco días ahora están 50, 60 días para completar".

La causa de esto, según el viejo pescador, fue la pesca irracional, sin control, el no haber respetado las vedas. Así se mata, dice, al pez que todavía no había nacido, y, claro, se mató a si mismo el pescador.

La pesca nunca fue una profesión bien remunerada. Para vivir hace falta, según dice Francisco, "una vida de trabajo". "Yo no venia acá a casa", dice. "Nosotros entrábamos y volvíamos a salir, entrábamos y salíamos, entrábamos y salíamos, entrábamos y salíamos, todos los días, todos los meses, todos los años".

Mientras cuenta esto y relata la peor tormenta de su vida, su esposa Arcelia lo escucha, atenta. Pero después dice:

"Siempre con miedo, siempre a la expectativa. Cualquier movimiento que se sentía: Uy, ahí viene papa decían los chicos. Ahora mi suegra, en una oportunidad, porque no solamente esa tormenta pasaron, pasaron unas cuantas tormentas parecidas. En una oportunidad yo, claro, estaba muy afligida, y en un momento le digo a mi suegra: -Usted no sabe lo que siente una, pensar que el marido esta ahí en el mar. Y ella: ­No, lo que siente una esposa no, lo que siente una madre de dos muchachos que están en el mar. Y es tanto así que yo siempre al hijo que tenemos yo le decía: tenés que estudiar para estar en la tierra, porque la familia de un pescador sufre mucho".

Fuente: Suplemento de Pesca. “El Puerto” N° 6, noviembre de 1994.

Francisco Vitale
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