Se utiliza para tapar un ríacho o un canal, colocando la red con la marea llena, aprovechando el desnivel entre pleamar y bajamar.
El canal o ríacho elegido debe ser de fondo regular para que asienten mejor los plomos que la red tiene en su parte inferior. Normalmente, ya existe sobre una de las costas un cuerpo muerto (durmiente) enterrado y con señales visibles para atar uno de los extremos de la red. Esta tarea se realiza cuando la marea recién comienza a bajar.
Luego se va navegando despacio, dejando caer ordenadamente la red al agua, hasta la otra costa donde se ata el otro extremo a una o varias anclas, según el tamaño de la red y la velocidad de la marea.
Después de 5 horas y cuarto y antes que se “pare” la marea, la embarcación y/o las canoas van hasta el fondo del riacho, o si es un canal se alejan de la red, y comienzan a hacer ruidos golpeando tambores metálicos (“escrachada”), tratando de arriar el pescado hacia la red.
Durante la “escrachada” se navega perpendicularmente al eje del riacho de costa a costa. Esta maniobra dura entre 30 y 40 minutos hasta que la embarcación se acerca a un extremo de la red, donde un marinero ya tiene el cabo desatado y se lo pasa a la embarcación.
El cerrado de la red se realiza atando el cabo a la embarcación y ésta recorriendo un radio se acerca a la costa opuesta mientras se sigue haciendo ruido. La red se cobra a mano sobre la costa, hasta llegar a la bolsa, donde se encuentra la captura. La bolsa se cierra y sin sacar los peces del agua se acerca a la lancha con una canoa, donde por medio de un copo se embarca fraccionadamente la captura.
Fuente: Camilo Bernárdez - Material de difusión del Museo del Puerto.










