
Sin embargo las acciones realizadas por el Estado en distintas áreas, no se perpetuarán ya que los cambios ideológicos que dan paso al llamado neo-liberalismo, plasman sin duda las estrategias que impone al mundo el llamado proceso de globalización. Desde esta óptica las transformaciones evidenciadas en el país no se producen inmediatamente ya que hay que considerar un período de transición al cambio, en el cual se comienza a cuestionar la acción del Estado en diversos sectores de la vida pública, deslegitimando sus acciones y popularizándose la imagen de "mal administrador".
Esto se une a complejas problemáticas políticas y crisis económicas que desprestigian aún más la presencia del Estado en sus áreas de dominación.
En el ámbito específicamente portuario local se cristalizan además obstáculos que tienden a desfavorecer su desarrollo, problemas de dragado, caída de los precios agrícolas en el mercado internacional, cambio del bloque de compradores ya que las tradicionales naciones europeas occidentales consumidoras de nuestros productos, pasamos a articulamos con el bloque socialista oriental, la Unión Soviética y China. También la Ley de Promoción de los puertos patagónicos nos disloca una importante área subsidiaria que exporta por otras bocas de salida. Si bien Bahía Blanca continúa desarrollando el rol de ultramar pierde el mercado de la fruta.
Por otra parte graves desajustes entre las esferas teóricas de planificación, sanción de leyes y la esfera práctica de las mismas, tanto en el orden portuario local como nacional, anuncian una política de cambios que se hacen sentir de manera radical a fines de la década de 1980.
El período de descentralización actual está llevando a cabo una modernización "en tránsito", no concluida, que se inserta en el marco de una ideología particular que plasma sus influencias en el contemporáneo período denominado post-moderno. La idea consiste en lograr una mayor operatividad a través de un cambio de administración, radicación de capitales privados y retiro del Estado.
Las transformaciones comienzan a evidenciarse primero a través de un marco legal que transfiere el dominio del puerto, del nivel de gobierno nacional al provincial, Decreto 817/92 y Ley 24.093/92 de actividades portuarias, con claros postulados para implementar luego una administración autónoma. De esta manera se constituye un Ente de administración según Ley provincial 11.414/93, los distintos actores del Ente reflejan las fuerzas vivas del puerto, asegurando una participación del sector privado, conformado por cinco miembros, productores primarios de las mercaderías operadas en el puerto, de las empresas armadoras y agencias marítimas, los concesionarios y permisionarios portuarios, las empresas prestatarias de servicios portuarios y marítimos; dos representantes por el sector de los trabajadores portuarios y dos representantes del Estado, uno provincial y otro municipal. Como se observa en la fase de transformación administrativa, las fuerzas endógenas han jugado un papel muy importante, destacándose la participación de la dirigencia local.
Esta etapa de modernización "en tránsito", cuenta con una fuerte participación del sector privado que está impactando sobre el espacio portuario y ya ha producido importantes cambios a través de la política de venta y privatización. De la privatización ferroviaria surgen FerroExpreso Pampeano y Ferro Sur. El uso de las terminales por parte de los privados ha permitido que las firmas Glencor y Topfer tomen en alquiler el ex muelle de la termoeléctrica, Cargill obtenga una concesión para la construcción de una terminal portuaria y planta aceitera y la ex empresa local Oleaginosa Moreno a través de otra concesión, el uso de la terminal Galván. Asimismo la privatización del Polo Petroquímico cristalizó la participación de la Dow Chemical Argentina, la elaboración del proyecto Mega de YPF y el proyecto PASA para instalar una amplia planta de fertilizantes, que entre otros, exhiben la entrada acelerada de capitales, aún en desarrollo.
Conservando el rol de ultramar, la actividad portuaria actual se caracteriza por su especialización en tres grupos principales de cargas: granos y sub-productos, combustibles líquidos y gaseosos, productos químicos y petroquímicos y en menor medida mercaderías generales unitarizadas y cargas no tradicionales.
El espacio portuario presente, se exhibe como dinámico y en creciente desarrollo, utiliza distintos medios para articularse, redes camineras como ferroviarias, que lo asocian a contextos nacionales y transnacionales, no pensando ya sólo en mercados lejanos sino en facilidades de comunicación con la nueva región en proceso de estructuración espacial, el Mercosur, y más aún teniendo en cuenta que hoy Brasil se erige en nuestro comprador mayoritario.
La etapa actual como hemos dicho, no permite realizar aseveraciones cerradas, de un periodo que aún no ha logrado su consolidación, sí, podemos afirmar que:
"La Historia en un incesante acontecer ha dejado rastros que permiten rescatarla a través de un pasado común en un lugar compartido, el sitio portuario y sus construcciones subsidiarias; en este sentido se observan la puesta en marcha de micro-emprendimientos que reflejan la acción de fuerzas endógenas que tienden a fortalecer nuestra identidad y a entramar una memoria colectiva que toma las imágenes de una modernización lejana que dejó su impronta no sólo en las formas del espacio sino en modalidades más abstractas y también perdurables, cristalizadas en los elementos base y complejos que conforman nuestra cultura local".
Asimismo más allá de la incertidumbre que nos plantea el mundo moderno y más allá de los impactos que nos imponen los procesos globales, desde "lo local", desde "lo propio", resultaría interesante concientizarnos que tanto en nuestro pasado como en nuestro presente, el puerto no representa sólo un núcleo de intercambio, sino que ha la llave de nuestro acto fundacional, albergando más adelante la esperanza de nuestro crecimiento y prosperidad económica, imagen que ha perdurado a través del tiempo.
Hoy como una comunidad social consolidada, frente a lo nuevo, lo desbordante y esperanzador, debemos instalarnos y defender lo seguro, que es lo nuestro, que es lo consolidado, sin soberbia, pero firmes, acompañando los cambios que involucran, "lo local" y "lo global", "lo interno" y "lo externo", en un espacio de continua reflexión y debate, en el que los ciudadanos tenemos la obligación de intervenir y ayudar a definir. No olvidando que la puesta en marcha de grandes políticas y estrategias, no invalidan los actos cotidianos, la existencia de mayorías, no impiden la participación de las minorías y las acciones pluralistas y consensuadas son las que perduran.










