
Una vez establecida la Fortaleza Protectora Argentina, a su sombra empezó a formarse un núcleo de población que aumentó paulatinamente, en medio de las continuas zozobras por los ataques de los salvajes, y de las penurias y estrécheses ocasionadas por su enorme distancia de todo centro poblado, lo que hacia difícil las comunicaciones.
Siguiendo el mismo paralelo desenvolvimiento, el puerto de la Bahía Blanca fue poco a poco aumentando sus actividades por la navegación costera que, proveniente de Buenos Aires y de Patagones, dejaba aquí elementos de vida y se llevaba los pocos frutos que se conseguían de aquella agricultura y ganadería incipiente.
Al hablar de puerto, no hay que hacerse la ilusión de ningún muelle, planchada o escollera: Por muchos años los pequeños barcos que fondearon en la desembocadura del Napostá, en pleno cangrejal, donde se hundían los bueyes y las carretas que arrastraban, y no pocas veces las mareas se llevaron al mar las mercaderías depositadas al aire libre en los terrenos bajos y anegadizos.
En los años de 1840 a 1850 el puerto de Bahía Blanca, lo constituían unos cuantos estacones clavados en la desembocadura del Napostá, que indicaban a los navegantes el camino a seguir para llegar a la costa sin mayores peligros, pues toda la desembocadura del arroyo era un cangrejal vivo que ofrecía el peligro de hundirse en él, y sin embargo, era tanta la fe que se tenía en el porvenir de la región, que ya existían empresas que se dedicaban al tráfico marítimo entre Bahía Blanca y Buenos Aires, sorteando toda clase de trasbordo e incomodidades.
En esos años, don Francisco Bozzano, uno de los comerciantes de ramos generales más destacados de Bahía Blanca, tenía una línea más o menos regular de veleros que llegaban de Buenos Aires a Patagones, tocando en nuestro puerto. Uno de esos veteranos veleros, de 200 toneladas, era mandado por el capitán don Juan Plunkett, uno dé los más avezados navegantes de nuestras costas.
Fuente: Ingeniero White. Álbum Conmemorando el Primer Centenario de la Fundación de Bahía Blanca. 11 de Abril 1828 – 1928. Editores y Colaboradores: Sr. Antonio Crespi Valls, Sr. José Lanzilotta, Sr. L. Sadovsky, Sr. Manuel Troncoso, Sr. Benjamín Cifuentes.










