
Hay una raza de hombres, curtidos de mar, que desde tiempo inmemorial, amarrados a la caña del timón han surcado los hondos barrancos de la espuma de la ría de Bahía Blanca, a veces con el sol riendo en la mejilla de la vela, otras chorreando Atlántico cuando los severos tribunales de las olas los condenaban a desafiar el arrebatado rugir de las borrascas.
Esos comandantes silenciosos de la audacia, han venido ordenando el rumbo de los buques de todas las banderas del mundo que han flotado sobre las aguas del laberinto del estuario, sorteando a golpes de mando los peligrosos bancos agazapados en el tenebroso lugar de los naufragios. La exacta ubicación de aquellas implacables trampas de barro y arena, la llevaron metida en la memoria de sus puños, para que a partir de la barra de Monte Hermoso, los mascarones de proa pudieran arribar sin una sola mueca de zozobra, a la meta de cáñamo de las amarras del muelle.
Tales capitanes de la temeridad, que se prestan para enfilar la deriva de las más riesgosas travesías en los mares de todas las latitudes del mundo, solo ostentan sobre sus hombros las anchas insignias de la responsabilidad, y se les llama simplemente: “prácticos”.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubins, José. "Historia de Bahía Blanca". Tomo IV, Pág. 901 (inédito).










