Se lo supone construido en las gradas de los astilleros de San Fernando. La línea de su sólido y bien proporcionado casco, en el que se empleó madera de roble americano y cedro paraguayo, le dio características de excelente velero, ya que estaba arbolado de bergantín goleta, cuando las condiciones del tiempo le eran desfavorables.
Sus características eran las siguientes:
- Eslora: 40 m.
- Manga: 6 m.
- Puntal: 5 m.
- Calado medio: 2.20 m.
- Desplazamiento: 150 Tns.
- Máquina a vapor simple: 1 caldera; 1 hélice.
- Potencia: 95 H.P.
- Velocidad: 8 nudos.
- Tripulación: 25 hombres.
HISTORIAL
El vapor “Santa Rosa” nunca perteneció a la Armada, pero en distintas oportunidades fue arrendado, fletado o requisado por el gobierno. En tales circunstancias era tripulado por personal militar. Iniciada la era de la propulsión a vapor en las costas del litoral Atlántico iniciada por el “Correo” (después “General Pinto”), hasta 1875, además de las flotillas de pequeños barquitos de los armadores Francisco Bozzano y Lorenzo Mascarello como el “Puan”, “Carhué”, “General Roca”, etc., todos matriculados en el puerto de Bahía Blanca, habían realizado viajes irregulares a la sonda del Napostá, el vapor nacional “Corrientes” de 80 Tns; el vapor a ruedas “Coronel Rosetti” de 672 Tns.; el buque escuela “General Brown” de 570 Tns; la cañonera “Paraná” de 550 Tns. y el bergantín nacional (mixto) “Amalia” de 120 Tns.
DERROTEROS A BAHÍA BLANCA
El vapor “Santa Rosa” aparejado a bergantín-goleta cuando se lo hizo navegar hasta Santa Cruz, registró su primera recalada en el fondeadero bahiense en marzo de 1875. A partir de esa fecha, fue el transporte naval más regular de la costa Sur con ciertos privilegios de paquete. Estaba afectado al servicio entre Buenos Aires y Punta Arenas con escalas en Bahía Blanca y Carmen de Patagones.
Entre 1878 y 1879, fue utilizado como buque de apoyo en la campaña al Desierto del Gral. Julio Argentino Roca. En ese período, desde el embarcadero del Napostá transportó hasta la isla Martín García, la mayor parte de los 932 indios de pelea, que tras haber sido hechos prisioneros en los combates definitivos contra la tribus que poblaban el desierto por los escuadrones comandados por Dónovan, Villegas, Maldonado, Freire, Uriburu, Nelson, Vintter, Cerri, Teodoro García, Racedo, Campos, Levalle, eran mantenidos cautivos en los lóbregos calabozos subterráneos de Fuerte Argentino, sede de la comandancia de la División Costa Sud, reliquia histórica que aún se conserva intacta sobre el arroyo Sauce Chico en las inmediaciones de la localidad de Tornquist.
En las bodegas del “Santa Rosa”, entre otros célebres caciques viajaron engrillados: Cayul, Pincén, los hermanos Juan José y Marcelino Catriel, Mariano Cañumil, Guaychiquín, y el singular Blas Román, además de numerosos caciquillos y capitanejos.
FINAL DEL "SANTA ROSA"
Al término de la expedición al Río Negro, el “Santa Rosa” fue utilizado para transportar colonos a Santa Cruz. En tales cruceros, su plana mayor estuvo integrada por oficiales de la Armada, algunos de los cuales habían servido a las órdenes del legendario Luís Piedra Buena, cónsul de los mares patagónicos.
El buque siguió prestando servicios al Gobierno hasta fines de 1880, año en que fue incorporado el transporte nacional “Villarino”. En los primeros meses de 1881 el “Santa Rosa” fue adquirido por el armador Lorenzo Mascarello. El veterano marino, en homenaje a nuestro pueblo donde tenía tantos afectos, lo rebautizó con el nombre de “Bahía Blanca”.
Antes del advenimiento del Ferrocarril, fue el buque que más pasajeros transportó a la villa. Cada una de las arribadas del “Bahía Blanca” constituía un verdadero acontecimiento.
Antiguos trajinantes de la historia de la ría, alguna vez lo recordaron como perdido en las restingas de la bahía San Blas donde lo habría sorprendido un violento temporal, a poco de transponer la barras del río Negro, en viaje de Carmen de Patagones al Napostá.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 943–944 (inédito).










