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Transporte Nacional “Villarino”

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En 1878, al celebrarse la magna ceremonia alusiva al centenario del nacimiento del Libertador, en el paseo del Retiro, junto a la estatua ecuestre del prócer que con su índice imperativo parece estar ordenando la carga de la victoria en la cuesta de Chacabuco, los Granaderos desfilaron ante su jefe de bronce, los poetas cantaron su epopeya, y recién ese día el Presidente de la Nación Dr. Nicolás Avellaneda, prometió que los restos del Capitán de los Andes, serían traídos a su patria.BOTADURA DEL “VILLARINO”

En la última década del siglo anterior los hielos patagónicos estaban candentes, y el gobierno dispuso reforzar la entonces muy reducida Armada con un transporte de guerra. Respondiendo a esa iniciativa, el 22 de mayo de 1880 fondeaba en el puerto de Montevideo el vapor “Villarino” transportando a su bordo los venerados despojos del Gral. Don José de San Martín, muerto en Boulogne Sur Mer el 17 de agosto de 1850.

Por encargo del Gobierno de la Nación, y a un costo de 18.000 Libras, el “Villarino” había sido construido en los astilleros “Cammell” de la firma Laird Bross, en Birkenhead, Inglaterra. Era una hermosa nave de 55 m. de eslora, con 1.192 toneladas de porte. Su máquina a vapor le permitía desarrollar la entonces importante velocidad de 11 nudos, y su casco de hierro, como propulsión auxiliar tenía aparejo de bergantín goleta.Finalizado su alistamiento en Liverpool, zarpó rumbo al puerto de El Havre al mando de Ceferino Ramírez, llevando como segundo a Daniel de Solier.

 

VIAJE INAUGURAL

En su viaje inaugural, el “Villarino” debía repatriar los restos del Gral. San Martín que llegados de Boulogne Sur Mer, le fueron entregados al capitán del buque por el ministro plenipotenciario de la Argentina en Francia don Mariano Balcarce.

El buque soltó amarras del El havre el 22 de abril de 1180, y tras el crucero de un mes, el 22 de mayo arribaba a las aguas del Plata haciendo escala en Montevideo. Dos días después, escoltado por naves de guerra de la escuadra argentina, que con la insignia del comandante de la flota en el monitor “El Plata” había ido a recibirle a la Banda Oriental, el “Villarino” fondeaba en la rada del puerto de Buenos Aires.

Fue así, que el 24 de mayo de 1880, se cumplía el anhelo testamental del Padre de la Patria. El féretro recién sería desembarcado el 28 de mayo, y en la solemne recepción dijo Sarmiento en nombre del Gobierno: “Después de un largo ostracismo vuelven hoy éstos gloriosos despojos a reposar en nuestro seno y serán depositados en el altar de la Patria, santificado por el más ilustre de sus mártires.”

Antes que los restos mortales del paladín de medio continente fueran depositados en el mausoleo de la Catedral Metropolitana, el Dr. Nicolás Avellaneda que presidía aquel gran día argentino, inició su homenaje con la célebre frase de Quintiliano: “Pocas palabras ante tan magno hecho.”

EL VILLARINO Y LA PATAGONIA

Por decreto del 30 de diciembre de 1880 firmado por el Presidente Julio A. Roca, la nave a la que se había dado nombre en recordación del célebre piloto de la Real Armada don Basilio Villarino y Bermúdez, fue designado como paquete de la carreta Buenos Aires, Bahía Blanca y Patagones.

Desde su incorporación a la marina de guerra y hasta 1898, el transporte “Villarino” fue uno de los buques que más trajinaron el apostadero marítimo bahiense. En las recaladas de cada viaje y durante los dos o tres días que permanecía el buque en la rada aguardando su zarpada a Buenos Aires o al sur, conocieron o se hospedaron en el pueblo personalidades como Leopoldo Lugones, Francisco Moreno, Félix Frías, Ramón Lista, Álvaro Barros, Martín Rivadavia, Bernardo de Irigoyen, Mons. Antonio Espinosa, Bartolomé Mitre, Conrado Villegas, Manuel Lainez, y entre otros notables Belisario Roldán, a cuya diáfana elocuencia se le debe la inspirada frase al referirse al Libertador: "Padre nuestro que está en el bronce."

EL ÚLTIMO VIAJE

Federico Spurr, quizás el capitán que durante más tiempo dibujó la derrota del “Villarino”, en las tertulias celebradas a bordo con el pasaje, nunca dejó de recordar la honrosa misión cumplida por su buque al repatriar los restos del Gral. San Martín.

Según Eliseo Casanova, que arribó a Bahía Blanca con el “Villarino”, el comandante Spurr le invitaba a recoger el espíritu del Libertador cuando repetía: “Los pueblos que olvidan a sus grandes hombres pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor preparan el porvenir.”

Después de haber realizado 101 viajes al Sur, con 202 arribos a Bahía Blanca, la noche del 16 de marzo de 1899, al ser arrojado por una violenta tempestad sobre las restingas de las isla Blanca en la bahía Camarones, a su capitán, que lo era en aquel desafortunado viaje el teniente de fragata Juan Murúa, intuyendo el final del “Villarino” para el mar, le habrá acudido a la mente la frase postrera de aquel grande americano que jamás quiso convertir su espada en cetro: “ C´ est l´orage qui meme au port” - es la tormenta que conduce al puerto.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 945–947 (inédito).

Transporte Nacional “Villarino”
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Última actualización el Viernes, 03 de Junio de 2011 03:39  
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