Nave singularmente vinculada con el primer episodio de la fundación de la fortaleza Protectora Argentina. Respondía a las siguientes características:
- Eslora 25 m.
- Manga 4 m.
- Puntal 3,5 m.
- Calado medio 1.75 m.
- Desplazamiento 125 Tns.
- Artillería: Originalmente solo tuvo un cañón de mediano calibre. Al iniciarse la guerra con el Brasil, se la armó con 2 cañones de a 12 en proa. Cuando integró la escuadra de Coe al servicio del caudillo de la Banda Oriental Gral. José Fructuoso Rivera contra el gobierno de Buenos Aires, se le montaron 7 cañones de a 6.
- Tripulación: 25 a 55 hombres, según las circunstancias en que operó.
HISTORIAL
El conocido naviero Carlos Galleano, italiano de origen y establecido en Buenos Aires allá por 1813, invirtió su capital en la formación de una flotilla de cabotaje, integrada por buques de variado porte y características, que, en reiteradas oportunidades fueron puestos al servicio del Gobierno al que prestaron señalados servicios. Los navíos de Galleano se llamaron “Chiquita”, “Esperanza”, “La Sirena”, “Liguria”, “Virgen de la Ciudad”, “Ana Bella”, “Virgen de Gracia”, “Pepa” y “Luisa”.
Era ésta última, una goleta construida en los afamados astilleros de Baltimore. Por su esbelto arrufo de proa, fina línea de agua y generosa superficie de vela, fue en su época una de las embarcaciones de mejor andar que surcaron el Plata, comparándosela por su veloz desplazamiento al legendario queche “Hiena” y a la gloriosa goleta “Sarandi”, originaria de las mismas gradas norteamericanas.
En 1824, procedente de Italia, en compañía de su padre llegó a la Metrópoli José Muraturi (después Murature). Aquel joven de apenas 20 años de edad, traía cartas de recomendación para el armador Galleano. Forjado desde niños en las cosas del mar, Murature se granjeó de inmediato la simpatía del poderoso empresario, quien a poco le confió el comando de la goleta “Luisa”.
Con ella, el futuro almirante de la Escuadra Nacional, realizó numerosas singladuras sobre itinerarios de cabotaje. Al término de un feliz viaje el Sur, cuando las únicas cartas disponibles para navegar eran el instinto, la pericia y los cinco mandamientos de la mano estrujando la caña del timón, José Murature contrajo enlace con Luisa Galleano, hija de su protector.
Como patrón de la goleta “Luisa”, Murature cumplió una valiosa actuación en el transcurso de la guerra con el Brasil. Entre otras empresas riesgosas, brindó importantes informaciones al Almirante Brown sobre las fuerzas y posición de la escuadra enemiga. En pleno fragor de la contienda, el audaz marino quebró cuantas veces se lo propuso la línea bloqueadora del almirante brasileño Rodrigo José Ferreyra Lobo, quien había señalado enfáticamente: “Ni un pájaro cruzará la línea”.
Siempre al mando del capitán “Pepín”, como se le llamaba familiarmente a Murature, la goleta “Luisa” participó como buque auxiliar en los célebres combates de Quilmes y Los Pozos.
PRIMER EMBARQUE HISTORICO
A 1837, programada la fundación de un establecimiento fortificado en la Bahía Blanca, e informado Juan Manuel de Rosas que el Cnel. Ramón Estomba había sido designado jefe de la expedición que tendría a su cargo aquel propósito colonizador previsto sobre el Atlántico, le enviaba; éste al soldado de la Independencia un informe detallándose los aprestos que en su carácter de Jefe de Fronteras y Comisionado por el Superior Gobierno, había previsto para tal fin. Señalaba en uno de sus párrafos:
“El Comisionado, ha remitido hasta el puerto de la boca del Salado, muchos de los artículos que sirven a preparar y habilitar el establecimiento encargado de presidir el Sr. Estomba. El gobierno, tiene contratada la zumaca (era en rigor goleta) de Don Enrique Jones, para poner a bordo de ella la carga existente en el Salado y conducirla al puerto de Bahía Blanca; del 20 al 30 del corriente, según acuerdo con el expresado Jones, debe hacerse a la vela la zumaca”.
El primer parte de un desembarco en el apostadero que el Cnel. Ramón Estomba llamó “Puerto de la Esperanza”, lo consigna precisamente el mismo Estomba, en nota enviada el 14 de abril de 1828 al ministro de Guerra y Marina Gral. Juan Ramón Balcarce, cuando dice:"
Señor Ministro: el 9 del actual llegó a este punto la expedición, después de 18 días de marcha desde el Tandil; el resto de las carretas llego el 11. El buque que conducía las maderas y útiles estaba en Bahía desde el 8 del pasado; a nuestra llegada se la hizo venir al puerto; se ha puesto la carga en tierra y el 13 a quedado libre del compromiso del Estado por su flete.”Después de esta su primera arribada al embarcadero de la bahía Blanca, y siempre al mando de Enrique Libanus Jones, la goleta “Luisa” regresó al surgidero del Napostá el mes de junio, transportando esta vez en su bodega desde Carmen de Patagones, además de podos de frutales y otros árboles, la mercadería que había adquirido oportunamente en aquel destino don Juan Manuel de Rosas, según la relación que de ellas hace una nota firmada por Juan Antonio Argerich y fechada en Buenos Aires el 19 de febrero de 1828.
FINAL DE LA GOLETA “LUISA”
Tras el advenimiento por segunda vez de Juan Manuel de Rosas al gobierno del Estado de Buenos Aires, la goleta “Luisa” pasó a la Banda Oriental, no sin antes haber trasladado a la vecina orilla, furtivamente, numerosos exiliados.
En 1841, iniciadas las hostilidades entre la escuadra porteña al mando del Almirante Guillermo Brown y la uruguaya a las órdenes de Juan Coe, la goleta “Luisa” comandada por el Cnel. Francisco Fourmantín, era uno de los buques principales con que contaba la fuerza naval que respondía al Gral. José Fructuoso Rivera. En aquella conflagración por el dominio de los ríos, hubo tres combates trascendentes.
El segundo de ellos se libró el 13 de agosto al enfrentarse las dos escuadras en las inmediaciones de la costa de Santa Lucia a 5 millas de Montevideo. El fragoroso cañoneo duró toda la tarde. A la puesta del sol, mientras la “Sarandí” de Coe se batía con el “General Belgrano” de Brown, la nave del Almirante fue arribada por la “Luisa” (que había cambiado su nombre por el de “Rivera”) que la sorprendió de popa, asestándole una palanqueta a flor de agua. Ante el impacto, el bergantín “General Belgrano” viró rápidamente a estribor y arrasó con una andanada a la goleta dejándola fuera de combate.
Mientras el bergantín porteño severamente averiado trasladaba sus cañones a proa para evitar la invasión de las aguas, la “Luisa” o “Rivera” entraba trabajosamente al puerto de Montevideo. En la penumbra choca con un pontón, zozobrando inmediatamente.
El casco del antiguo velero de Murature, tan ligado a la fundación de Bahía Blanca cuando arribó al Napostá al mando de Enrique Libanus Jones, quedó allí por muchos años como un escollo, y el símbolo de un triste recuerdo para los uruguayos de aquella jornada del 13 de agosto de 1841.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 926–929 (inédito).










