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Bergantín "General Belgrano"

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Con el objeto de inspeccionar las instalaciones de San Julián que en noviembre de 1820 habían quedado involucradas en la solemne toma de posesión de las Islas Malvinas encomendada por las Provincias Unidas de la América del Sur a David Jewett capitán de la fragata “Heroína”, al promediar 1825 es alistado el bergantín de guerra “General Belgrano”, designándose a Francisco José Seguí para comandar aquella expedición.

Las características del buque eran las siguientes:

  • Eslora: 28 m.
  • Manga: 8 m.
  • Puntal: 4,30 m.
  • Calado medio: 2.5 m.
  • Desplazamiento: 175 Tns.
  • Artillería: 16 cañones de a 8.
  • Tripulación: entre 80 y 120 hombres.

HISTORIAL

Hasta principios del siglo XIX, no se tenían informaciones muy precisas sobre la Bahía Blanca. La navegación a las costas patagónicas se singlaban desde Cabo Corrientes hasta Patagones, bahía San Blas o el golfo San Matías.

Solamente los capitanes y patrones de buques loberos conocían sus buenos fondeaderos, abrigados canales, la existencia de agua dulce provista por las vertientes de Sierra de la Ventana, como así también la posibilidad de hacer provisión de abundante leña en las islas o costas del estuario para alimentar los fogones de sus graserías.

 

Estos marinos aventureros, mitad comerciantes mitad piratas, que medraban con la destrucción desmedida de las especies anfibias que antiguamente poblaban las costas, insulares del estuario, procuraban mantener en secreto la ubicación de sus campos de pillaje exagerando los peligros que ofrecía la navegación en la “bahía de abajo” como se la llamaba.

Además de otras fábulas, se corría la especie, que sobre aquella tenebrosa barra de acceso a la ría donde se agazapaban los naufragios, habían zozobrado un jabeque, una polacra, tres bergantines y no menos de 15 goletas y balandras cargadas de cueros, cuando intentaron tomar refugio en la golfada al ser sorprendidos por violentas sudestadas en su travesías desde los confines patagónicos a los puertos de Buenos Aires y Montevideo.

En tanto, la península de Valdés, tras la devastación a que fue sometida por las tribus tehuelches antes del pronunciamiento de Mayo, no dejó de preocuparle al gobierno de la provincia de Buenos Aires bajo cuya jurisdicción había quedado.

Si bien antes de 1810 se pensaba liquidar la denominada “Estancia del Rey”, allí creada por los delegados de la corona de España, quedaban sobre aquellas lejanas tierras insulares muchas cabezas de ganado, a pesar de las miles que habían sido arreadas impunemente por los indígenas. Un viaje de inspección realizado por Ambrosio Cramer en 1822, calculaba en 60.000 las existentes.

A fines de 1823 Juan Andrés Gelly se trasladó a la península para dedicarse al faneamiento de los cueros, logrando en poco tiempo remitir a Buenos Aires una cantidad que superaba los 10.000.

Las autoridades porteñas, inquietas por la depredación a que era sometida aquella ganadería de la que se consideraban legítimos dueños y alertadas de la indiscriminada explotación de cetáceos que practicaban en las costas patagónicas los cazadores furtivos, decidieron alistar al bergantín de guerra “General Belgrano” para poner término al delincuente atropello, y, paralelamente con ésta comisión, practicar el ya conocido relevamiento del estuario de la bahía Blanca, misión que estuvo a cargo del Tte. Antonio Toll y Bernadet.

Cumplida la primera parte de su misión, el buque derivó sobre las costas patagónicas para afirmar con su presencia la soberanía nacional. Al entrar en el golfo de San José, sorprendió a una de las embarcaciones de Juan Andres Gelly.

FINAL DEL BERGANTIN

Al regreso de su viaje por los confines australes, el “General Belgrano” con el casco mal trecho y sus velas malheridas, quedó apostado en la boca del Riachuelo vigilando la navegación de cabotaje.

En diciembre de 1825, ante la inminencia del conflicto armado con el imperio del Brasil, es carenado en Barracas; se lo armó en guerra y quedó alistado para entrar en acción. Al iniciarse las hostilidades, a pesar de su condición de “Zorrero” (lento), era el segundo buque de la Armada en potencia de fuego. El 15 de enero de 1826 asumió su mando Juan Bautista Azopardo, quién sería reemplazado después por Leonardo Rosales.

El 26 de febrero el “General Belgrano” participa con el resto de la escuadra en el ataque a la colonia, siendo éste repelido por una división de la flota imperial y la artillería terrestre. Un disparo de metralla abate de muerte al mayor Cerreti capitán del buque, y el bergantín, con severísimas averías es encallado en las restingas de la isla San Gabriel, donde queda a merced de la artillería enemiga.

A pesar de los estragos que hacían las andanas sobre el navío varado, Tomás Espora, en otra de sus tantas acciones temerarias se le acercó con su flotilla de cañoneras; le retiró toda la artillería y puso a salvo a gran parte de la tripulación.

Al día siguiente, tras una noche de violenta tempestad, desaparecieron de la playa los restos del bergantín “General Belgrano” y solo quedó su nombre flotando en la historia.

MISION SECRETA DEL BERGANTÍN “GENERAL BELGRANO”

Al promediar el año 1824, la encendida hipótesis de un conflicto armado con el imperio del Brasil, y las desastrosas incursiones que perpetraban las tribus indígenas sobre los pueblos de frontera, volvieron a instalar en el entrecejo de los gobernantes de turno, la idea de establecer puntos fortificados en el interior de la provincia, y de manera muy especial en la bahía Blanca para proteger las costas bonaerenses dado que la presunción de conflicto con el país gobernado por el emperador Pedro I estaba al rojo vivo.

Con tal propósito, el Gral. Gregorio de las Heras, sucesor del Gral. Martín Rodríguez, en “misión secreta”, decidió enviar una expedición marítima a la Bahía de Abajo, y a su vez, que en el mismo crucero se cumpliera un operativo de inspección a las costas patagónicas. Para tal propósito, fue alistado el bergantín de Guerra “General Belgrano” recién incorporado a la Armada.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 923–925 (inédito).

Bergantín
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Última actualización el Viernes, 03 de Junio de 2011 03:32  
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