Fue construida a “tingladillo” posiblemente por los diestros carpinteros de ribera de la Boca del Riachuelo, y adquirida por el Estado el 31 de diciembre de 1829 en la suma de 900 pesos, para ser destinada al establecimiento fundado hacía 20 meses en la bahía Blanca.
Era en rigor una ballenera arbolada con aparejo de falúa o de balandra. Su hechura respondía a las siguientes características:
- Eslora: 12 m.
- Manga: 2 m.
- Puntal: 2 m.
- Calado medio: 1.60 m.
- Desplazamiento: 9 Tns.
- Seis pares de remos.
Se la embarcó en la gloriosa goleta “Sarandí”, junto con el práctico Juan Plunkett que haría de patrón y siete marineros. Llegada a la ría de Bahía Blanca, se la afectó al control y patrullaje de las aguas del estuario en prevención de los cazadores furtivos que diezmaban las especies anfibias, supervisión del cargamento del escaso tráfico de buques mercantes, tareas de salvataje, cumpliendo además funciones de policía marítima a las órdenes directas del comandante de la guarnición militar de la Fortaleza Protectora Argentina.
Esta embarcación, nominada “Ballenera para Bahía Blanca” y cuyos antecedentes testimoniales se guardan en la Caja 1318 (documento 225) del Departamento de Estudios Históricos Navales, fue la precursora con el personal que integró su dotación, de las operaciones de custodia y patrullaje, que actualmente está a cargo en el área portuaria e islas del seno de de la bahía de la Jefatura de Zona de la Prefectura Nacional Marítima.
LA PRIMERA BALLENERA
En rigor, la “Ballenera para Bahía Blanca”, fue cronológicamente la segunda embarcación destinada a prestar servicios en el surgidero de la desembocadura del Napostá. La primera que cumplió tareas de resguardo y salvataje, está claramente documentada en la nota que el comandante de milicias de la provincia don Juan Manuel de Rosas le enviara al Cnel. Ramón Estomba, cuatro días después que el guerrero de la Independencia fuera comisionado por el gobernador Cnel. Manuel Dorrego para comandar la expedición fundadora.
Dice el párrafo del histórico escrito donde el Jefe de Fronteras le informa al futuro fundador sobre todas las previsiones que él ya había dispuesto para aquella empresa: “El que suscribe cree que es de su obligación instruir al Sr. Coronel en Jefe de la expedición, de la carga existente en el Salado, y al efecto, le adjunto relación de ella, en la que verá el señor Jefe que se halla una ballenera que navegará a su destino prontamente la zumaca” (se refiere a la goleta “Luisa”).
INSTRUCCIONES PARA EL CNEL. ESTOMBA
El Cnel. Ramón Estomba, previo a la fundación del establecimiento fortificado en la bahía Blanca, había recibido instrucciones precisas del Superior Gobierno, contenidas en 26 artículos; y, precisamente, para dar cumplimiento a la 6ta. cláusula, se justificaba el envío inmediato de una embarcación menor, de poco calado, y cuya adquisición ya había sido prevista en el acopio de materiales que, bloqueado el puerto de Buenos Aires por la escuadra del imperio del Brasil, don Juan Manuel de Rosas, en su carácter de Comandante de Fronteras, dispuso se realizara desde la desembocadura del río Salado. Decía el artículo 6to.: “Después de elegido el lugar donde se ha de situar el Fuerte, y recibidas las noticias que debe darle el capitán de la sumaca (goleta) “Luisa”, don Diego Harrison, que lleva a don Enrique Libanus Jones que va encargado de hacer los reconocimientos más prolijos sobre la Bahía Blanca para determinar el puerto de entrada a nuestros buques, que concilie y reúna las calidades de mejor canal, más agua y seguridad, se establecerá la Batería que ha de cubrirlo en la aproximación posible del Fuerte”.
Más adelante finaliza diciendo el artículo: “...el coronel comisionado, actuará según las conferencias que ha tenido con el Gobierno y conforme a los conocimientos que le asisten - Buenos Aires marzo 7 de 1828 - Juan Ramón Balcarce.
REQUIEM DE LA SEGUNDA BALLENERA
La falúa o Balandra, nominada como “Ballenera para Bahía Blanca” en los anales de los Estudios Históricos Navales, que en 1829 trajo a su bordo la goleta “Sarandí” junto con el práctico Juan Plunkett nombrado para el cargo por Juan Manuel de Rosas, prestó servicios en la sonda del Napostá hasta 1833, año en que fue abordada subrepticiamente por un grupo de desertores.
Sin más indicadores que los provistos por la tradición, tales desertores, todos de nacionalidad francesas, pudieron haber estado acaudillados por el comerciante de aquella nacionalidad Pedro Gascogne, cuando un decreto del gobierno de Rosas les obliga a cumplir el servicio militar.
Lo cierto y probado es que los fugitivos se hicieron a la vela rumbo a Montevideo. En la banda Oriental, las autoridades de la vecina orilla la requisaron, poniéndola a disposición del gobierno argentino. Previa inspección y en razón de su pésimo estado, se decide venderla como leña, operación que se cumplió en mayo de 1833.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 932–935 (inédito).
Ilustración: Club de Veleros Piedrabuena.










