
Desconocidas durante muchos años las mediciones que había practicado en el seno de la bahía Blanca la expedición del almirante Alejandro Malaspina cuando en 1789 y en 1794 las corbetas españolas “Atrevida” y “Descubierta” derivaron por las aguas del estuario, siempre se consideró que fueron los científicos del bergantín “Beagle” de su Majestad británica al mando del teniente Roberto Fitz Roy, a quienes se debía el primer relevamiento batimétrico realizado en el laberinto insular del sur de la provincia de Buenos Aires.
Están eran las características de la nave del Reino Unido:
- Eslora: 28.6 m.
- Manga: 7.2 m.
- Calado: 3.8 m.
- Desplazamiento: 225 Tns.
- Armamento: 6 cañones de 6 Lbs.
- Tripulación: 26 hombres.
HISTORIAL
El 22 de marzo de 1826, abandonaron la sonda de Plymouth en viaje a la América del Sur, dos buques hidrográficos de la marina de guerra de Gran Bretaña: el “Adventure” y el “Beagle”. La primera de las naves era comandada por Phillip Parker King, y la “Beagle” marchó a las órdenes del capitán Pingle Stoke. Muerto éste, fue designado el teniente Roberto Fitz Roy para reemplazarlo.
Después de largos derroteros y practicado “un relevamiento exacto de las costas meridionales de la península de Sud América”, el 14 de octubre de 1830, las dos naves finalizaron su misión retornando a Inglaterra. De acuerdo a las directivas formuladas por los lores del Almirantazgo, el segundo capítulo de aquella expedición científica, determinaba un prolijo reconocimiento de las costas argentinas. Para cumplir la comisión, el 27 de enero de 1832 zarpa de Barnpool el bergantín “Beagle” al mando de Fitz Roy.
El buque de tres palos aparejado a bricbarca, llevaba todo cuanto podía necesitarse. Entre los supernumerarios viajaba Carlos Darwin, joven científico recién graduado en la Universidad de Oxford, que iba en calidad de naturalista.
DERROTEROS A BAHIA BLANCA
El 5 de noviembre de 1832, el “Beagle” fondeó en la rada o surgidero conocido como “Los Pozos del Belgrano” (actual Base Naval de Puerto Belgrano). Debido al gran calado del buque, resultaba imposible practicar sondeos en la ría de la bahía Blanca. Providencialmente, se apareó al bergantín la goleta “Carmelita” que piloteaba su patrón James Harris, el legendario “cojo”, nacido en Londres, quien regresaba a Carmen de Patagones, después de haber desembarcado en el Napostá provisiones para la guarnición militar y pobladores de Bahía Blanca.
El héroe de la gesta maragata del 7 de marzo de 1827, le arrendó a Fitz Roy dos de sus pequeñas goletas “La Paz” y “La Libre”, con cuyo auxilio el marino inglés pudo ordenar el relevamiento de toda la costa hasta la desembocadura del río Negro.
Cumplido su itinerario en las costas patagónicas, el “Beagle” volvió a fondear en el estuario de la bahía Blanca en septiembre de 1833. En esa oportunidad fueron cargados a su bordo los valiosísimos fósiles pleistocénicos hallados por Carlos Darwin en un chancal cercano a Punta Tejada, y el 7 de aquel mes la nave se hizo a la vela rumbo a los anales de las hazañas portentosas del hombre, brindadas al servicio de la ciencia.
RESULTADOS DE LA EXPEDICION
Entre las tareas que desarrolló la expedición en el orden hidrográfico, cabe destacar algunos trabajos realmente meritorios como fueron: la exploración del río Santa Cruz desde su desembocadura hasta las cercanías de sus nacientes; el reconocimiento del lago al que Francisco P. Moreno llamaría “Argentino”; la exploración ;y relevamiento del laberinto del seno de la Ultima Esperanza que no se navegaba desde los tiempos de Juan Ladrillero, aquel insigne marino español de las postrimerías del siglo XVI; el descubrimiento del canal entre las dos oceanías que hoy se llama “Beagle”; los difíciles relevamientos de la costa patagónica, y las cartas de navegación del accidentado laberinto de la bahía Blanca, cartas que hasta las últimas décadas del siglo, fueron utilizadas por todos los pilotos y marinos que la navegaron.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.
Referencias: Guardiola Plubíns, José. “Historia de Bahía Blanca”. Tomo IV, pág. 936–937 (inédito).










