
Desde los primeros tiempos, en la desembocadura del Napostá recalaban de tanto en tanto los navíos que acercaban al nuevo poblado sus cargas a través de pequeñas embarcaciones auxiliares (botes a remos, carretas, etc.), aprovechando el hecho de no estar expuestos al peligro de los indios, lo que permitía llevar a cabo un tráfico marítimo muy rudimentario, debido a la ausencia de instalaciones elementales “...el puerto se reduce simplemente a unos pocos mojones que indican el recorrido que debían realizar los barcos en la desembocadura del Napostá, en lo que posteriormente se denominó Puerto Viejo” [1.- Pág. 136].
En 1858 se construyó el primer muelle de madera: “…hasta el momento no era más que un ancladero natural en la desembocadura del Napostá, donde se desembarcan las mercaderías provenientes de Buenos Aires. [1.- Pág. 213-Puertos].
En 1883 la concesión del puerto fue otorgada al Ferrocarril del Sud. El puerto surgió oficialmente en 1885 y al momento de su inauguración, ya contaba con un pequeño muelle en curva de reducidas dimensiones que permitía atracar tres vapores de ultramar y otros tres de cabotaje. La exportación de cereales a partir de 1889 se incrementó, considerándose la construcción de un muelle de alto nivel y ampliar el muelle de acero. Dicha obra comenzó en el año 1902.
Fuente: Prefectura de Zona Mar Argentino Norte – Bahía Blanca.










