
A fines del siglo XVIII se impulsó la colonización de las costas patagónicas, con el fin de impedir el establecimiento de ingleses que se acercaban a la costa. En 1779 se fundó Carmen de Patagones, no sólo con el fin de poblar y defender esa zona, sino también de fomentar la explotación de los recursos naturales de la región: el cuero y el aceite de lobo marino y la sal, producto preciado en Buenos Aires y Montevideo donde se lo utilizaba para la salazón de carne.
Las posibilidades naturales brindadas por la bahía facilitaron que con el tiempo florecieran numerosos emprendimientos. Las primeras explotaciones comerciales de la bahía Blanca datarían del período virreinal al ser explorada por cazadores furtivos, que gracias a sus habilidades marítimas, lograban ingresar con sus buques por los difíciles canales y dedicarse a la caza de lobos marinos. Uno de los navegantes más conocidos fue Enrique Libanus Jones, quien poseía un gran conocimiento de las costas patagónicas y había logrado instalar, entre la bahía Blanca y la bahía San Blas, varios establecimientos especializados en la elaboración de aceite de focas y lobos marinos.
Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.










