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Las islas de la bahía

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Florencio Gutiérrez y Andrade realizando tareas rurales en la isla TrinidadLa ocupación de las islas fue otro de los factores de aprovechamiento de los recursos brindados por la ría, generadoras de diversos emprendimientos, a pesar de sus agrestes características. Fue el caso de la explotación de chañares y piquillines que poblaban las islas y constituían una fuente de energía barata y abundante para aquellas embarcaciones que merodeaban la zona, actividad regulada por el Estado, imponiendo el abono del 10 % de las ganancias obtenidas.

Desde principios de siglo XX fueron empleadas como estancias, las que cambiaron su ecosistema original con la introducción de ovejas, chivos, vacas y caballos. Existen datos de un norteamericano llamado Joseph Arnold, que junto a sus dos hijos y un peón, Vicente Auxilio, se aventuraron en la exploración de la isla Verde con la cría del ganado ovino. Ello tuvo como resultado la instalación de una estancia con 5000 ovejas, por el año 1852. Una antigua pobladora de Punta Alta, doña Vicenta De Lose de Nardini, en un artículo publicado en el periódico El Regional del 20 de enero de 1949, recuerda que a pocos años de instalarse en estos lares, le llamó mucho la atención que durante dos meses se realizó un desembarco de doce mil ovejas, traídas de la isla Bermejo y Trinidad por los señores Tomás Solari y su yerno llamado Anastasio.

A partir de la década de 1940 Florencio y Ángel Gutiérrez se hacen cargo de las islas Bermejo y Trinidad respectivamente. Si bien en un principio el objetivo era establecer estancias, enterados de las ventajosas ganancias generadas por la pesca del cazón, decidieron comprar una lancha «La Pauline», de 11 metros de eslora, para dedicarse a la pesca de dicha especie, en los canales de la ría. La inversión realizada en las islas fue producto de las ganancias obtenidas de dicha explotación. Para la Trinidad se compró hacienda ovina y se construyó un chalet, una casa para el personal y elementos necesarios para la cría de los animales (alambrado, molinos, etc.,). Mientras que para la Bermejo se instaló en un galpón, ya existente, una destilería y saladero de cazón. Esa estructura, según Florencio Gutiérrez [3] había sido empleada como criadero de cerdos, por el apoderado de la empresa Bunge & Born de la zona.

En forma paralela, se habían dedicado a la siembra de cebada negra cervecera, en una pequeña porción de 40 hectáreas, cuya producción era comercializada en Ingeniero White. Finalmente en 1964 caducó la concesión que tenía esta familia y las islas fueron ocupadas en varias oportunidades por peones, sin lograr incentivar a toda potencia las actividades que allí se podían desarrollar.

Hoy las islas forman parte de la Reserva Natural de Uso Múltiple Bahía Blanca, Bahía Falsa y Bahía Verde. Se estableció, de este modo, un área protegida, con la idea de mantener el equilibrio natural del ecosistema y posibilitar la supervivencia de la flora y fauna autóctonas amenazadas por la extinción.

Todo lo expuesto demuestra la importancia que el espacio costero y marítimo posee para el desarollo económico y social puntaltense. En una localidad que vive de espaldas al mar, que lo ignora o que sólo lo vincula con la Base Naval, la toma de conciencia de la relación entre el medio marítimo y la comunidad es la plataforma para conseguir futuras inversiones productivas. Como pudo leerse, las actividades económicas no solamente estarían vinculadas con la pesca, sino con otros emprendimientos, como el turismo en las islas que son parte integrante del Partido de Cnel. Rosales.

Notas

[3] AHM, entrevista a Gutiérrez Florencio, cassette nº 48, 30 de marzo del 2000.

Fuente: Archivo Histórico Municipal. Mitre 101. Punta Alta. Buenos Aires.

Las islas de la bahía
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Última actualización el Martes, 14 de Diciembre de 2010 07:03  
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