27-01-2012 | INGENIERO WHITE. Esteban Aravena fue uno de los trabajadores que recibió la descarga de un rayo en el predio de la empresa minera Vale, en Ingeniero White, y que provocó la muerte de un compañero suyo.
Dispuesto a retomar su ritmo de vida habitual, Esteban Aravena, en su vivienda de Pesquero Narwal 1995, en el barrio 5 de Abril, relata minuciosamente cada momento de su peripecia. El hombre, de 47 años de edad, fue uno de los sobrevivientes --el restante es Cristian Parada-- a la caída del rayo que se llevó la vida de Pablo Díaz, cuando el martes pasado estaban trabajando en el predio de la empresa minera brasileña Vale, en el kilómetro 2,5 de la ruta 252.
"Entramos, marcamos, antes de las 8, y enseguida nos fuimos a ese lugar. Había sol, estaba despejado. Pero fue todo muy rápido. A las diez se empezó a armar la tormenta, muy densa, pero muy lejos. Y a las 12.20 estaba encima nuestro. Nos sorprendió. Fue rapidísimo", comenzó diciendo el hombre a "La Nueva Provincia".
Aravena recordó que "estábamos trabajando al aire libre, cercando toda la planta, cuando se empezó a poner feo. Y como vimos que se venía la tormenta, volvíamos al obrador, donde está el comedor. Es lo que hacemos cuando se descompone el tiempo".
El trabajador formaba parte de "una cuadrilla de más o menos diez personas, pero algunos chicos ya habían vuelto antes", según dijo.
Luego aseguró que "al muchacho que estaba como puntero (el oficial de mayor antigüedad, segundo en jerarquía, detrás del capataz) y luego a Cristian (Parada), les dije que grabaran con el celular, porque era tremenda la tormenta y quería verla luego en Internet.
Era impresionante cómo venía y les dije que no nos iba a dejar llegar al comedor", ubicado a unos 400 metros.
Un presentimiento
"Cuando empezamos a caminar no estaba lloviendo --continuó--, pero tuve un poco de temor, un presentimiento... A mí me gusta mirar Discovery (en televisión) y uno aprende sobre estas cosas, y lo que puede ocurrir. Como era probable que cayeran rayos, tuve temor".
Aravena agregó que "habríamos hecho cien metros y se levantó un ventarrón fortísimo. Hicimos otros cien más y comenzó a llover. En los siguientes cien quedamos totalmente mojados, empapados. Y cuando nos faltarían cien para llegar, nos dio el golpe. Cerca nuestro no había más nadie".
Aseguró que "la tormenta venía arrastrándose por el piso, venía muy baja. Daba la sensación de que se podía tocar con la mano".
"Perdí totalmente la conciencia --explicó--, pero no sé cuánto tiempo pasó hasta que volví a ver. Fue como desaparecer, como si dejara de existir. Se pierde totalmente la conciencia. En esa fracción de segundo uno se puede morir y ni se entera. Y se puede salvar y tampoco sabe por qué".
Esteban afirmó que en ese momento "no hay ninguna sensación. Ni de frío, ni de calor; sólo un ruido y un golpe instantáneo. Es difícil describirlo, no alcanzo a hacerlo. Es como si una prensa te apretara el cuerpo".
Tenían herramientas
Al momento de la trágica descarga, Díaz estaba a su derecha.
"(Estábamos) los tres juntos, con un brazo los alcanzaba", según dijo.
Y consideró que sus compañeros sufrieron las mayores consecuencias, "porque ellos llevaban herramientas en sus manos y yo no llevaba nada. Sólo iba cubriendo con el guante el carnet de conductor que debía renovar ayer (por el miércoles) y tenía en el bolsillo de la camiseta y que terminó mojándose todo. Y con la otra mano me cubría el cuello. En esa posición me encontró, mientras caían baldazos".
Comentó que "cuando volví a tener conciencia, no sabía en qué posición estaba. Ví de vuelta el mundo y comprendí que había sido algo muy grave, y lo que quería era escaparme de ese lugar. Creo que fue mi instinto de conservación".
A sus compañeros los vio "planchados contra el piso y corrí todo lo fuerte que pude. Me parecía no sentir las piernas, como si fueran de lana, pero llegué al pañol, empujé la puerta, entré y perdí la fuerza.
Me senté en el piso y les grité a los que estaban ahí que los otros dos compañeros estaban tirados a la entrada".
En ese momento Aravena ingresó en una especie de estado de semiinconsciencia que "capaz duró una hora".
"Ahí, si bien no del todo, se me borró de vuelta. Es más, la doctora me dijo que me estuvo atendiendo y no lo recuerdo. Yo creía que la primera atención la había tenido en el (Hospital) Penna", señaló.
El trabajador fue asistido inicialmente en la enfermería de la empresa.
"Ya estaba un poco más consciente, pero también más inquieto, con dolores por todo el cuerpo. Parecía que vibraban los músculos", describió.
De todos modos --dijo--, "ahí supe que estaba vivo. De Cristian me enteré en el Penna y de Pablo Díaz me dijeron el día que me dieron el alta. No me lo querían comunicar. Se ve que temían la reacción que pudiera tener".
La cuadrilla estaba trabajando "aproximadamente a veinte metros de los cables de alta tensión, y se escuchan las vibraciones", aunque al recibir la descarga del rayo "estábamos como mínimo a trescientos metros de ellos", dijo el hombre.
En el lugar había otros compañeros, que no fueron afectados.
"Nosotros teníamos un container donde nos cobijábamos, pero recién lo habían cargado a un camión porque ya terminábamos ahí y nos íbamos a otro frente; lejos de ahí, como a mil metros", dijo.
Manifestó que tuve "la intención de quedarme ahí, pero seguimos.
Algunos muchachos se cobijaron ahí y nosotros quedamos a la intemperie. La tormenta no nos dejó llegar. Es que nos cruzamos con ella, la teníamos de frente".
"Dios me dio otra oportunidad"
El miércoles a la tarde, Esteban Aravena abandonó el Hospital Interzonal General de Agudos Doctor José Penna, donde estuvo internado durante veintiséis horas y "el martes tengo que ir a una cita con el doctor y ahí me dará el alta médica", dijo ayer. "Yo me siento bien, físicamente estoy bien. Siento algunos estirones, algunos dolores, pero nada raro. Dios me dio otra oportunidad", enfatizó.
El hombre dijo querer "volver a trabajar. Es lo que estaba haciendo, a eso había ido. Esto ni siquiera fue un accidente. ¿Quién puede controlar esto? En el lugar hay pararrayos y mucha seguridad".
Aravena sostuvo que "el médico me comentó que el hecho de estar todo mojado pudo haberme salvado. Porque la descarga busca parte líquidas y mi ropa estaba cubierta con ella. Es como que no necesitó ingresar a mi cuerpo", finalizó.
El celular de todos
Aravena y Díaz habían empezado a trabajar en el lugar el pasado lunes 16. "Hicimos juntos la prueba de seguridad y, a pesar del poco tiempo, ya tenía una anécdota de él, porque el pibe era el único que tenía el número de celular de la persona que nos citaba para el curso rápido de seguridad. Y todos los que necesitábamos hablar con esa persona, lo hacíamos con su teléfono. Por eso le recordábamos, a manera de anécdota, que le habíamos gastado el celular".
Fuente: La Nueva Provincia.










