
Hilda Cisnero de Avellaneda también residió en la isla Ariadna. Llegó en agosto de 1945 y vivió hasta 1947 junto a sus cinco hijos: Beatriz de 5 años, Marta Alicia de 4 años, Carlos de 3 años, Aurora de 2 y José Oscar de sólo 7 meses.
Pese al paso del tiempo, aún recuerda claramente la experiencia que significó navegar, desde Coronel Rosales, hacia el destino fijado.
"Fuimos en la embarcación "Camaru" y como los niños eran muy pequeños llegaron todos descompuestos", dijo.
En esa época en la isla funcionaba un secadero de cazón, pescado ahumado y otras variedades de peces, donde su marido era encargado.
Hilda se dedicaba a las tareas domésticas y a la crianza de los chicos, mientras que los empleados y peones vivían en varias viviendas de bloques construidas en las inmediaciones.
La cocina, obviamente, era a leña y tenía un horno de barro donde hacía el pan. La luz era obtenida de unos faroles a gas de carburo.
La leña, además de la que podían conseguir en el lugar, casi siempre era "leña de oveja" (bosta) y como el agua de lluvia no abundaba, la ropa de tantos niños debía ser lavada con agua salada y jabón blanco.
"Había que improvisar a cada momento y vivir con lo que teníamos a mano. En una oportunidad los chicos se enfermaron de tos convulsa y los curé con leche de yegua", expresó, dando testimonio del aislamiento que debieron soportar estas pioneras.
Fuente: La Nueva Provincia, domingo 9 de marzo de 2003.
Referencia: Silvana Cinti, Especial para "La Nueva Provincia", Domingo 9 de marzo de 2003. Silvana Cinti es profesora de Geografía, miembro de la comisión directiva de Tellus Asociación Conservacionista del Sur y colaboradora del Programa Ambiental de la Reserva Natural de Uso Múltiple de Bahía Blanca.










