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Una historia de cinco siglos

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Si nos adentramos en el tiempo, las islas de la Reserva Natural de Uso Múltiple son reconocidas en el siglo XVI, durante la expansión marítima realizada por los españoles.

En 1520, la expedición de Magallanes avistó la bahía, pero en la ría sólo se internó la nave Victoria, que encalló en la isla que hoy lleva el nombre de Trinidad en honor a la nave capitana de la expedición.

Además de las embarcaciones de Castilla cuyos tripulantes dieron hasta la vida para desentrañar los misterios de estas soledades, también navegaron aventureros y piratas.

La amplia escotadura de mar fue la ruta de la expedición fundadora del villorrio militar Fortaleza Protectora Argentina. A cargo del piloto galés Enrique Libanus Jones, la goleta "Luisa" fijó la puerta de entrada al estuario.

También integró la expedición fundadora Domingo Laborda, quien fue el primer práctico de la ría, velando atentamente para prevenir naufragios.

Teniendo en cuenta el futuro que vislumbraba el sudoeste de la provincia de Buenos Aires y la mala fama adquirida por la barra de la bahía, a causa de encalladuras, naufragios, impericias de los navegantes, y por qué no, por la inconfesable causa de cobrar las primas del seguro, se determinó la instalación del primer pontón-faro, que fue realizado sobre el casco del bergantín "Manuelita".

La nave fue traída a remolque por la cañonera "Bermejo", que en su salida rompió hélice en la isla que luego llevara su nombre. El pontón fue instalado al sur del banco Norte, y funcionó durante 16 días, hasta que fue arrasado por una sudestada. Con parte de sus restos se construyó el faro de Monte Hermoso.

Entre los años 1880 y 1930, como consecuencia de la tecnificación de agro y de la Segunda Revolución Industrial, que liberaba mano de obra, llegaron al país y Bahía Blanca numerosos inmigrantes europeos.

Muchas fueron las actividades que estos hombres realizaron en las islas de la ría: fábricas de conservas, saladeros de cazón, criaderos de cerdos, agricultura y ganadería y especialmente, la pesca.

Estos primeros habitantes de las islas convivieron con los primigenios habitantes de la zona: guanacos, ñandúes, delfines, cangrejos, tiburones, lobos y otros que, lamentablemente, fueron introducidos, como, por ejemplo, los conejos.

La ciudad continuaba creciendo y, más tarde, llegaron las industrias, originando un nuevo cambio en el litoral marítimo, hasta que en el año 1986, un grupo de profesionales de la UNS y del IADO, junto a representantes de varias ONG, preocupados por las actividades que comprometían la ecología de área marítima y costera inician los relevamientos que terminan con la declaración del área con el nombre de Reserva de las islas Embudo, Bermejo y Trinidad.

En 1998, la ley 12.101 declara Reserva Natural de Uso Múltiple al conjunto de islas, bancos y aguas, que cubren 180.000 hectáreas al sur y sudoeste del canal principal dependiente de la dirección provincial de Recursos Naturales y Conservación de la Biodiversidad.

Fuente: Silvana Cinti, Especial para "La Nueva Provincia", Domingo 9 de marzo de 2003. Silvana Cinti es profesora de Geografía, miembro de la comisión directiva de Tellus Asociación Conservacionista del Sur y colaboradora del Programa Ambiental de la Reserva Natural de Uso Múltiple de Bahía Blanca.

Una historia de cinco siglos
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Última actualización el Martes, 07 de Junio de 2011 09:55  
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