El debate del dragado de Puerto Galván a Puerto Cuatreros y la posterior radicación de una planta de regasificación, se ha instalado en nuestra ciudad. El estuario o ría de Bahía Blanca es el centro de “batalla” entre ambientalistas y sectores que consideran a esta oportunidad como muy ventajosa para el desarrollo tecnológico y productivo.
Se esgrimen de ambas posiciones palabras muy fuertes, de alto contenido, que ubican al común de los ciudadanos en un laberinto sin salida, ¿quien puede estar en contra del progreso?, ¿Quién puede oponerse a nuevas fuentes de trabajo?, ¿Quién puede estar a favor de la contaminación?, ¿Quién puede estar en contra de la preservación de la vida?
Como si todo esto fuera poco, el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO) creado en nuestra ciudad en junio de 1969, y dependiente del CONICET y la UNS, donde se encuentran los científicos más calificados del país en temas relacionados con nuestro estuario, muchos de ellos reconocidos internacionalmente por sus trabajos, informan a la población “que no pueden fijar una posición a favor o en contra de la iniciativa respecto al Impacto Ambiental, debido al escaso margen de tiempo con el que cuentan hasta la audiencia pública convocada desde la municipalidad para el próximo 16 de noviembre en General Cerri”. ¿Quién puede opinar entonces?
Creo que un punto de partida imprescindible sería ponernos de acuerdo sobre el estuario del cual estamos hablando.
Un primer escenario sería un área de algo más de 3.000 km2 que en su tipo, en la Argentina solo es superada en extensión por el estuario del Plata, que además, tiene características biológicas, geomorfológicas y oceanográficas excepcionales y que de acuerdo al doctor Pablo Petracci, zoólogo experto en Ornitología, docente de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata e integrante de proyectos bahienses como el Programa de Conservación de la Gaviota Cangrejera, “Estos humedales relictuales del frente costero incluyen marismas, planicies de marea, cangrejales, canales y riachos que han sido identificados como sitios de gran valor para la conservación. Uno de los tantos aspectos que le otorgan importancia es que son utilizados por varias especies de aves marinas, costeras o playeras migratorias bajo diferente estatus de amenaza y algunas de ellas en peligro de extinción. Específicamente la zona de Puerto Cuatreros ha sido muy estudiada y se sabe que es el hábitat de alimentación de la Gaviota Cangrejera, el Playero Rojizo, el Playerito Canela y el Flamenco Austral entre otras especies. Por este motivo es reconocida nacional e internacionalmente. Este sector del Canal Principal también es el hábitat del Delfín franciscana otro representante del elenco de especies amenazadas que deben ser protegidas y requieren de nuestra atención”. En sintonía con este científico hemos conocido la opinión y posición adoptada por una comisión especial del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS, integrada por once científicos que vienen investigando el estuario de Bahía Blanca desde hace décadas.
Otro escenario es un estuario que “presenta algunas áreas definidas como zonas calientes por sus altos niveles de contaminación por hidrocarburos aromáticos policíclicos", de acuerdo a lo señalado por el doctor Andrés Arias, becario posdoctoral del Conicet, en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO).
Un estuario en donde diversos estudios científicos denotan la acumulación de metales pesados en la Spartina alterniflora, Mercurio, Cadmio y acumulación de Zinc en músculos e hígados de diferentes especies capturadas en sus aguas.
Un estuario que recibe los vertidos cloacales de una planta purificadora ineficiente (tercera cuenca), de acuerdo a lo expresado en varios medios por el doctor Jorge Marcovecchio, Investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), docente universitario, Licenciado en biología marina y doctor en ciencias biológicas (Universidad Nacional de Mar del Plata), posdoctorado en la Universidad de Ehime (Japón).
No olvidemos que durante la época estival del 2010 y debido a la “contaminación”, las piletas del balneario municipal Maldonado debieron llenarse con agua dulce y que los pescadores artesanales están siendo “indemnizados” con la entrega de modernas embarcaciones, lo que les permitiría reconvertir la flota e ir a pescar más alejados del estuario.
Planteado de esta forma, es decir por un lado un sitio excepcional donde habitan gran variedad de especies en riesgo de extinción o un lugar que pareciera ser el resumidero de elementos altamente contaminantes, parecerían describir dos estuarios distintos. Sin embargo, en mi humilde opinión son “las dos caras de la misma moneda”, y sin pretender “banalizar” la cuestión ambiental y el rol de las entidades ambientalistas locales, ni cuestionar a los entes de control como el Comité Técnico Ejecutivo (CTE) o el Organismo para el Desarrollo Sustentable (OPDS), considero inquietante la opinión de quienes piensan que en Bahía Blanca el avance urbanístico e industrial han modificado el patrón ambiental originario de forma irreversible.
Fuente: Editorial.










