
Sábado 21 de febrero: Después de terminada la estiba y de haber probado varias veces el aparejo, resolvimos zarpar por la tarde. Llevamos toda clase de herramientas y masilla, pintura, pabilo y cuanto nos pudiera hacer falta para reparar averías de la embarcación o del aparejo. Nuestros útiles de navegación consisten en las cartas de los distintos lugares que hablamos de pasar, compás, dos correderas, sextante, compás de marcación, transportador y paralelas. Uno de nosotros que había de conseguir un cronómetro de navegación para poder realizar la totalidad de las observaciones astronómicas que nos pudieran hacer falta, se vio a último momento imposibilitado de ello, cosa que nos privó de este recurso.
Evidentemente Juan B. Llosa, autor del diario de navegación, no cita al tripulante que falló con el cronómetro. No puedo dejar de recordar en este punto que Llosa, quien fue uno de mis maestros en navegación de altura allá por los años cincuenta a bordo de la goleta “Loma” en el Club Náutico Mar del Plata, siempre llevaba un reloj que marcaba cualquier hora menos la del momento, ya que opinaba que no debía alterarse su marcha, y en cambio llevaba cuidadosamente doblado en su caja un papel donde anotaba cuántos minutos había que adicionar o sustraer a lo que marcaba la esfera. Por supuesto, todo esto hacía bastante más complicado el ya tedioso procedimiento. ¡Qué gran invento fue el GPS!
Siendo las 15 horas levamos anclas del río Luján despidiéndonos del Tigre y del astillero que había dado vida a nuestro noruego. Un viento ligero del NE nos obligó a bordejear hasta que entramos al Río de la Plata, donde pudimos mantener el rumbo con viento a la cuadra. Al enfrentar Olivos divisamos la silueta de un velero que Frers reconoció enseguida como su ex “Fjord”, ahora de “Weber”. Nos acercamos hasta ponernos al habla y después de cambiar saludos y deseas de buena suerte, nos separamos lo suficiente para navegar con comodidad.
No fue poca nuestra sorpresa al ver que el “Fjord” pronto quedaba atrás y ganaba menos barlovento que nosotros. Y lo que fue para nosotros un poco de sorpresa y satisfacción fue para Frers un triunfo que lo llenó de alegría, al ver que el último noruego que veía la mar era más caminador que el reputado más veloz del Tigre.
Era indudable que las ligeras modificaciones en las proporciones del casco que había introducido en nuestro Fram, como la menor manga en proporción a la del “Fjord” y el cambio de aparejo de mayor cangreja por la bermuda, lo mismo que la botavara sin culebra, constituían modificaciones que lo hacían más ceñidor y más ligero. Modificaciones que, por otra parte, no le restaban seguridad y aguante para el mal tiempo, como pudimos comprobarlo más adelante.
A las 19 horas, a la altura de Buenos Aires, refrescó el viento, lo que al poco rato nos obligó a arriar los foques y tomar dos manos de rizos a la mayor. El río empezó a picarse de más en más y pronto se armó una respetable marejada con tendencia siempre a aumentar, que nos prometía que tendríamos fiesta toda la noche y nos preparamos para ella.
El viento, bastante saltón del NNE al ENE, nos obligó a cambiar de rumbo dos veces entre Buenos Aires y Río Santiago.
El resplandor de las luces de Colonia inspiró a Frers la idea de recalar allí por unas horas. Aceptamos con Hill, ya que a todos nos vendría muy bien un poco de sueño tranquilo.
Es indudable que nuestros navegantes no llevaban mucho apuro, tres días después los encontramos virando el pontón recalada:
Martes 24 de febrero: A las 5.30 dimos vuelta a la boya 2 y dejando el Faro Recalada a babor pusimos proa al Sud, pero poco nos duró el nortecito que tan bien nos llevaba en popa y a las 11 estábamos completamente encalmados.
Al revisar la sentina nos encontramos con tan respetable cantidad de agua que llegaba hasta el piso; hicimos funcionar las bombas y afanosamente nos pusimos a buscar la causa. No tardó mucho Frers en encontrarla y comprobar que el agua nos entraba a chorros. El mismo se encargó de espichar las vías de agua y masillarlas.
Al salir de la sentina ya había hecho su plan de felicitación al capataz de carpinteros de ribera. Las vías de agua correspondían a dos agujeros para los bulones de la base del motor que resultaron seguramente estar muy atrás y resolvieron hacerlos más adelante, cosa que nos pareció muy bien, pero no así el haber dejado los primeros.
La pintura del casco había hecho una obturación temporaria, pero los golpes del mar pronto los dejaron al descubierto.
Los restantes días no ofrecen mayores novedades, una sucesión de chubascos y encalmadas los va arrimando a Mar del Plata.
Jueves 26 de febrero: No hubo novedades de importancia. Navegamos todo el día con viento liviano del N Y NE, ayudándonos frecuentemente con el motor. A las 16.30 llegamos a Mar del Plata. Fuimos recibidos por las autoridades del YCA, que pusieron la casa a nuestra disposición. Dejamos constancia de nuestro agradecimiento por todas las atenciones recibidas. La corredera nos marcaba un recorrido de 317 millas desde el puerto de Colonia. Muy poco nos duró la alegría de la feliz arribada. A Frers lo esperaban dos telegramas que le impusieron la triste nueva del incendio y pérdida total del astillero. Esa misma tarde tomó el tren para Buenos Aires, truncando así el programa de paseo que se había trazado.
La obligada deserción de Frers los induce a completar la tripulación con un joven pescador marplatense. Con él culminaron sin más novedades el viaje inaugural del “Fram” a Bahía Blanca, arribando el 2 de marzo a las 10 de la mañana.
Fuente: Revista "Bienvenido a Bordo" - Año IX N° 103 - Septiembre de 1998, páginas 48,49,50.
Referencia: Nota realizada por Natalio Marengo.










