Este velero de acero construido bajo planos directos de su diseñador Van de Staad en Holanda, llega a su realización de manos de uno de nuestros consocios el Sr. Oscar Isa.
Unos años antes había adquirido el Láser 5,60 diseño de R. Róvere propiedad de Hugo W. Barzola, con lo que comienza su advenimiento con la navegación a vela. Pasado un tiempo de aprendizaje, de cruceros y regatas, madura en su mente la idea de hacerse de una embarcación capaz de hacer largas singladuras, tal vez hasta una vuelta al mundo. Parecía quimérico, pero acometió silenciosamente la tarea de ponerse a elegir lo que podía ser más conveniente para ese logro. Recuerdo esos momentos por que teníamos gran cercanía intelectual con Oscar luego de haber sido quien le vendió su primer barco, y haberle dado a conocer los primeros pasos de la vela.
Tiempo después al realizarse el primer curso de "Patrón de Yate", cuya coordinación estuvo en mis manos, logra formalizar al igual que alguna docena o más de socios Timoneles, de su nueva patente. Es entonces que toma forma esta iniciativa (1981). Recuerdo entonces que habiendo conocido el nombre del diseñador naval holandés Van de Staad, por haber construido el astillero Marco dos de sus diseños emblemáticos aquí en el país, se trataba del Bries y el Troter.
Estos veleros tuvieron un éxito inmediato, en especial el Troter mas chico, con su precio mas accesible a una numerosa comunidad náutica, ansiosa de una oportunidad como la que revolucionariamente se presentaba, gracias al fenómeno de la construcción seriada en Plástico reforzado en fibra de vidrio.
Entonces el nombre exitoso de este diseñador fue el detonante para que Oscar le solicitara desde Holanda una agenda con sus diseños. Como corresponde al primer mundo, gentilmente recibió ese catálogo con una abundante oferta de los mismos. Los tipos de construcción eran diversos, desde madera, plástico, acero o aluminio, y los sistemas de entregan iban desde la construcción en astilleros de Europa en diversos estadios de construcción, hasta la entrega de una carpeta completa con planos detallados de la construcción de los mismos.
Recuerdo bien todo esto por que varias veces insistió Oscar en entusiasmarme para asociarme al proyecto, es mas cuando se decide finalmente por un diseño, el que hoy vemos navegando, el primer acopio del material lo hace en un galpón y tinglados donde yo realizaba mis torres de comunicaciones y antenas, que era una industria complementaria a su empresa y el ramo. Un tiempo después consigue otro depósito cerrado que le facilita un amigo, donde con el soldador principal que anteriormente trabajaba en mi establecimiento, comienza la construcción paso a paso de su barco. Aclaro aquí que justamente yo había abandonado un tiempo antes la metalúrgica por la computación, esto es por el año 1983, donde fundo la primer casa de computación de la ciudad. Es apasionante haber visto ese trabajo, inédito y realizado no por un astillero, si no por un particular, con sentido común e inteligencia. La recolección de los diversos materiales que constituyeron el todo que es una embarcación.
Llegado el momento fue botado en Ing. White, donde tuvo siempre su apostadero, ya que en el Club Náutico no hay comodidades o abrigo para tener una marina, instalándose todos los barcos en tierra en una extensa playa, donde con sus trailers son acomodados. Vino entonces una serie de navegaciones por el estuario bahiense, matizado con algunas importantes singladuras hasta Necochea, Mar del Plata, Buenos Aires y puertos del Uruguay. También incursionó en aguas del sur llegando como ser hasta Puerto Madryn y zonas aledañas.
En estos días a comenzado la cristalización de otro de sus sueños, el plan "B" de sus sueños, dejado de lado momentáneamente los planes de dar la vuelta al mundo, que había constituido su máxima aspiración. Con sus amigos del mar han elaborado un Club del Barco, comenzando una singladura que comenzó en el Club Náutico Bahía Blanca en Ing. White el 7 de marzo del 2008, para recalar en Mar del Plata, Piriápolis, y siguiendo el perfil del continente hasta los puertos de Brasil, como ser el de Florianápolis, para luego asegurado el barco en un buen fondeo retornar para continuar la navegación de acuerdo a sus tiempos libres, como ser en las vacaciones de invierno o en la temporada de verano siguiente.
Lo bueno de todo esto y que tiene a toda la comunidad náutica conmovida, es que en cada puerto se produce un recambio de nuevos tripulantes, por lo que la demanda es insólita. Esto ha provocado la adhesión de muchos tripulantes que pueden hacer entonces la experiencia de un viaje de mar abierto. Es por ello que lo colocamos en este lugar con merecimientos idóneos para figurar en forma preponderante.
Fuente: Hugo Washington Barzola Lucero.










