
Este relato siempre ha quedado en mi recuerdo y ha sido contado y recontado en el INDA. En aquella época (1975/76) sólo se salía los fines de semana, (tal vez hoy sea lo mismo, pero ya alguien programa navegar entre semana, mas de acuerdo al pronóstico) a lo sumo desde el viernes a la tarde, o aprovechando algún excepcional feriado largo que abarcara cuatro días.
Claro que ello implicaba salir a todo riesgo, por cuanto los pronósticos no eran tan acertados como ahora, no existían los satélites que hoy lo permiten, ni la difusión pronosticada por varios días. Es así como de esos cruceros creo, pueden referirse cientos de anécdotas de navegación con mal tiempo.
Por lo general se temía siempre de los Pamperos que asoman rápidamente por el oeste, aunque por lo general tienen una duración que no excede de una a dos horas, al menos en su plenitud. Los peores temporales eran los que venían del Sud, Sudeste, que tenían una duración a veces de varios días, y muchas veces se asociaban a los Pamperos, apareciendo primero como tales para luego dar vuelta y seguir con una furibunda Sudestada.
Ahora voy a relatar el que realizamos en mi LASER 5,60 en compañía de mis hijos Hugo Adrián y Juan José; se había programado una salida con los Troters de los Dres., pero ellos salían desde el viernes a la tarde y el punto de encuentro era el -Mincho- . Yo tenía mucho trabajo y sólo podía desprenderme de el, los sábados después del mediodía, rutina que me costó anular y solo tiempo después pasé a la del sábado inglés o sea tomarme también todo el sábado.
Entonces ya mis hijos se habían adelantado el sábado a la mañana y tenían aparejado el barco y listo para partir en cuanto llegué después del mediodía. Era un día espectacular, soleado, viento medio, como siempre del NO, así que partimos rápidamente en busca de nuestros colegas. El viaje se realizaba a buena marcha a toda vela, lo que nos extrañó al salir canal afuera del puerto, ver pasar muchas pesqueras de vuelta al mismo, parecía que todas se habían puesto de acuerdo para volver. También las pocas lanchas pescadoras particulares que lo hacían en Cabeza de Buey o La Lista.
Hacia el Sud se advertía un frente nublado oscuro, pero aun muy lejano. Ya empezamos a prevenirnos un poco, pero era tal el entusiasmo mío, aunque no lo demostrara, que consultados mis hijos si nos guarecíamos en el viejo Dormidero (hoy María Bonita), me contestaron terminantemente que no, que siguiéramos que a lo mejor llegábamos antes que la tormenta nos enfrentara. Con tal apoyo.., aunque previendo que lo podríamos pasar mal, es decir revueltos y para mejor en el Tres Brazas, alineados con el frente de tormenta, pasamos la zona del refugio y a los quinientos metros nos recibió el frente Sud con vientos furiosos y algo de llovizna.
Teníamos la velas apropiadamente rizadas para la contingencia, pero la verdad que por poco besábamos el agua para uno y otro lado con nuestro mástil y botabara, aunque afortunadamente conservando el rumbo y aun consiguiendo avanzar debidamente, estábamos casi al llegar a la confluencia con el Embudo, cuando vimos avanzar rápidamente con la tormenta algo tan siniestro, como todavía no habíamos experimentado. Ya había comenzado una lluvia que de llovizna paso a torrencial, mientras tanto la atmósfera era casi asfixiante, era como que faltaba oxígeno, aunque la verdad parecía que estábamos sumergidos, claro por la lluvia y el monstruo que teníamos casi arriba nuestro en ese momento. Fué un momento muy particular aquél, difícil de olvidar. Llegamos al nuevo gran canal, teníamos aún que recorrer un buen trecho hasta llegar a la entrada del Mincho, con anterioridad se hallan dos canalitos el primero que se llega es bastante chico, el segundo es una entrada parecida a la del Mincho pero de menor tamaño. La cuestión es que allí seguíamos navegando con mis hijos, cuando la lluvia arreció en tal forma, que no veíamos ni la proa de nuestro velero, lo único que teníamos registrado era haber pasado por la entrada del canal anterior a nuestro destino. Casi sin ver nada, prácticamente de memoria dimos vuelta y apenas con un vigía en proa pudimos distinguir esa entrada para buscar refugio. Lo hicimos buscamos una curva que nos protegía del Sur y el Oeste y tiramos ancla en el medio del estrecho canal (unos 20 m. en baja marea. Allí cerramos bien el barco, prendimos la cocina y nos cambiamos nuestras ropas de agua, sería media tarde aunque parecía de noche cerrada, prosiguiendo la lluvia aunque en disminución.
Una vez abrigados, comimos bien, escuchamos radio, creo que ese día el sueño se nos adelantó por el esfuerzo realizado, para mejor los vaivenes del viento, se ve que fueron desapareciendo y pronto el propio barco nos acunó y nos dio las buenas noches. Dormimos plenamente, cuando tal vez por el adelanto del sueño nocturno o la inmovilidad que nos hallábamos, a eso de las cuatro de la mañana, salgo y noto que algo había cambiado. Por empezar el tiempo, con un cielo oscuro pero que resplandecía de estrellas, claro con una atmósfera totalmente limpia. Pero lo extraño es que no reconocía el paisaje que teníamos al costado nuestro, veía un monte muy cercano y cuando fondeamos estábamos del otro lado de una península que formaba una curva que daba hacia el interior del mismo canal.
Cuando llamo a mis hijos que seguían profundamente dormidos, buscamos una linterna apropiada y barremos las adyacencias. Podemos hacer luego de varios consensos un cuadro de posición que, por empezar estábamos re-varados, derechitos sí, pero muy arriba de la canaleta, en un lugar casi imposible de creer, cercano al monte del lugar... Lo que había pasado, era que esa noche al producirse una amplísima marea, pese al fondeo, que debemos decir estaba perfectamente ubicado a la vuelta, en el lugar que lo habíamos dejado, la marea nos hizo dar la vuelta sobre el recodo, trasladándonos al lugar donde nos dejó depositado... Y vaya lugar...!! Lo bueno que no "cundió el pánico", con una de esas palas plegables que llevaba en mi arsenal de herramientas, (por las dudas), nos pusimos a desenterrar el quillote el cual hicimos resbalar por la pendiente como un par de metros, pero ello nos dejó agotados luego de unas dos horas de duro laburo, decidí tomarnos un descanso, y volver a encararlo mas tarde.
Eso hicimos cayendo rendidos, hasta los 8 de la mañana, con pleno sol y el calor que nos despertó, uno de mis hijos, creo que Hugo Adrián, se subió a la cruceta para ver si podía divisar los otros barcos en el Mincho, así es que me grita después de un momento que parecía que uno estaba navegando, mientras los otros permanecían fondeados. Fue un momento de decisiones, el lugar donde estábamos era tierra firme con un poblado monte, que con suerte llegaba hasta el propio Mincho formando al parecer la península similar a la que en pequeño habíamos abordado nosotros.
Entonces le pedí a Juan José (Joselo) que era el atleta de la familia, que se diera una corrida por la costa, unos mil quinientos a dos mil metros, para avisarles al resto de nuestra presencia y de nuestro problema. Allí fue Joselo a la corrida, llegando después de unos minutos, seguidos con ansiedad, hacia el velero que se había movido, el cual buscaba la entrada del canal para dedicarse a la pesca. La movida la había realizado Enrique (El Pibe) Tellarini (padre de , Raúl, Oscar y Nenucho) tripulante del Pandora, que era el que hacía punta con la pesca.
Llegado como a unos cien metros, venía gritando y gesticulando Joselo para llamar su atención, que recién consiguió cuando estaba a unos 50 m. El clamaba por "Pichi".., "Pichi", que es el Dr. Ricardo Ruiz, propietario del Pandora, es entonces que lo percibe al final Tellarini y sorprendido lo llama a Ruiz, comentándole <si hasta en esa soledad había dejado descendencia>, que alguien requería por él ...!! Aclarado el asunto, recogieron a Joselo, avisaron al resto y vinieron a donde estábamos, aún colgados a medio canal. La verdad es que no fueron demasiado ayuda, salvo eso sí la compañía, que pensábamos que podíamos perder, si no sabían que habíamos querido ubicarlos y no nos hubieran visto, si salían hacia la Golfada por el Embudo.
Hubo que esperar entonces una hora, hora y media para estar a flote y poder compartir con ellos el resto de la navegación en -conserva-, que conserva, ese era el título, era un toma y daca amigable, de regata casi. Fue creo esa vuelta que vimos aunque algo lejos a unas orcas, que no se nos acercaron.
Lo destacable de este relato, con todas la pequeñas anécdotas que se dan en estas patota navieras, es el haber enfrentado esa tormenta con un aspecto tan feroz, la verdad que había que hacer acopio de valor, nadie dijo temer, pero me imagino, por que yo que era el mayor (protector) de mis hijos, lo único que podía darles era el ejemplo de enfrentar lo que viniera y ellos contentos conmigo. Verdaderamente un buen recuerdo para todos. Estoy seguro que debe haber cientos de aventuras parecidas,.. bueno, a publicarlas, que a todos nos gusta volver a sentir correr nuestra adrenalina con un relato, aunque no sea nuestro.
Fuente: Hugo Washington Barzola Lucero.
Foto: PAMPERO, rsauzet, May 7, 2004.










